5. Matthew. Risas que matan

Hombre Lobo: El Apocalipsis

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La noche era cada vez más fría, sobretodo en esa zona de la ciudad. Almacenes y el puerto, todo junto al océano hacía que la temperatura bajase de forma despiadada. Matthew y Aeryn se encontraban solos en la noche, esperando que las noticias que llegasen del otro lado del teléfono calmasen unos ánimos que empezaban a encenderse.

Por un lado el punto rojo había desaparecido de la frente de Matthew, lo cual se notó en el gesto de alivio de su compañera, pero por el otro, toda comunicación por parte de Megan había cesado. Se podría decir que el ambiente terminó de caldearse, pues la tensión en la discoteca se fue diluyendo hasta dar paso a una serie de roces de tela, silencios y respiraciones profundas de una adolescente que se extendió durante largo rato. Matthew notaba como su Rabia iba en aumento. Debía controlarse, pero resultaba difícil encontrar motivos cuando una misión diplomática estaba a punto de fracasar por culpa de una cría.
Cuando terminaron de disfrutar el uno del otro llegó la respuesta -¿Hola?- Megan se notaba aún excitada por la actividad, respirando entrecortadamente. -Hola- la voz del Caminante era mucho más grave y abrupta, pues estaba en su forma Glabro -¿Ha pasado todo?- la vergüenza impregnaba su voz -Si, ha pasado todo.- en cambio, Matthew tenía que contener toda su Rabia y responder a cada pregunta de la forma más breve posible. Un desliz y su cólera se liberaría. La respuesta no tardó en llegar, se notaba que tenía cierto interés en terminar la llamada -Vale, no os preocupéis por mí, ya llegaré- era lo que ya esperaba, le había dicho que tuviera cuidado, que no se fiara de los Vampiros, pero ya no sabía si le había hecho caso o no -Te esperamos en el túmulo- Una frase dio fin a una llamada e inicio a la preocupación, la situación se estaba yendo al traste, la Cliath estaba metida en asuntos que la superaban y todo era culpa de él mismo. Le devolvió el teléfono a una Aeryn que no escondía su cara de curiosidad y volvieron al túmulo.
Al menos la noche le está yendo bien a alguien”.

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4. Megan. Son sólo negocios ¿No…?

Hombre Lobo: El Apocalipsis

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Y otra vez sola…asustada y sola.
Sí la noche ya había sido complicada, se acercaban más problemas. ¿Por qué el hombre misterioso le estaba preguntando si era una Garou? No entendía nada…mucho menos cómo se había metido en todo este lío.

Yo… – Le temblaba la voz. Tenía que sacar una excusa rápido, tenía que actuar con naturalidad. – Sólo soy nueva en la ciudad. Me mencionaron este sitio y quise venir.

¿Y entonces qué hacías hablando con el chico de la barra?

Es un conocido. – “Y un baboso”.

Me colocas en una posición bastante comprometida.

¿Por qué? Que yo sepa no he hecho nada malo. – Sólo intentar saber por qué unos Vampiros intentaron matar a alguno de los suyos.

Vamos a ver… ¿Cómo explicarlo? No pareces nada estúpida. -Su voz seguía siendo tranquila y firme, pero su mirada era ahora más inquisitiva- ¿Puedo tutearte? ¿Cuál es tu nombre? – Megan no dejaba de pensar cómo saldría de esta. Estaba tensa y bastante borracha. Sólo quería salir de allí corriendo.

Megan. – Parecía segura, no lo estaba. ¿Es que no podía parar de meterse en problemas?

Prólogo – Desandar el camino

Hombre Lobo: El Apocalipsis

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-No entiendo muy bien todo eso que dices sobre los patrones mentales y otras dimensiones. –dijo Matthew, cortando el monólogo de Thomas- Sólo quiero saber si puedes encontrar a una persona.
-Ya te he dicho que sí. Es una cuestión muy sencilla de resolver. –Contestó Thomas, irritado por las continuas interrupciones- Pero tienes que entender que lo que pides no es moco de pavo, chaval.
-Mira, no tengo mucho tiempo. –Comentó Matthew, impacientándose. Cada segundo que pasaba era como si Judy se alejase miles de kilómetros de él, a saber en qué dirección, en qué espacio, en qué tiempo.
Thomas, el mago ciborg, miró incrédulo al joven Garou.
-Asaltas mi casa, consigues que otros también la asalten, y en el proceso destrozas varios de mis cuerpos, por no mencionar el mobiliario. ¿Y ahora te impacientas?
-La chica ya te dio lo que pediste. Perdiste la apuesta. –contestó tajante. Hablar con aquél mago era más exasperante que hablar con Noche, y nunca había hecho nada más exasperante en su vida que hablar con Noche- No dijiste que tendría que estudiar ciencias para que me dieras una respuesta.
Los años no le habían dado más paciencia a Matthew Sendero Desconocido. Más bien al contrario, se la habían quitado. Habían ocurrido cosas que prefería no recordar, o al menos no nombrar, porque olvidarlas sería un acto incluso más cruel de lo que fueron aquellos momentos, y cuando pensaba que empezaría a tener suerte, que su viaje se había encauzado y que por fin podría aprender lo que necesitaba para no cometer los mismos errores, se encontró con un hombre que no era para nada lo que esperaba…