3. Amy Taylor. Su capacidad para causar daño.

Hombre Lobo: El Apocalipsis, Relatos

callejón oscuro

La puerta se abrió y el detective Lanford entró con una taza humeante. La dejó en la mesa frente a Amy y rodeó el escritorio para sentarse frente a ella.
-De acuerdo, señorita… Taylor. –Le dijo, mirando el informe preliminar que tenía frente a él- Sólo queremos repasar los hechos una vez más para asegurarnos de que tenemos toda la información.
Amy asintió, cogió la taza de tila y sopló un poco antes de dar un sorbo. La policía le hacía sentir más nerviosa que el altercado de su piso, y eso teniendo en cuenta que acababa de quedarse sin él…
-En su declaración dice que cuatro personas entraron en su apartamento rompiendo la ventana junto a la escalera de incendios. –dijo mientras ojeaba los papeles. Robert Lanford parecía cansado, como si llevase más horas de las recomendables despierto- Fue a examinar el ruido de la ventana y los encontró intentando curar a alguien… Que tenía seis heridas de bala en el pecho.
Amy asintió.
-Dijeron que si no les ayudaba me matarían. –dijo con una voz lo suficientemente afectada como para resultar convincente. Una pena que el detective Lanford no fuese un cualquiera- Le saqué las balas al chico herido y… -de nuevo, de forma muy convincente, se le quebró la voz. Demasiado apropiado- No sabía qué más hacer… Me amenazaban a punta de navaja…

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Prólogo – Desandar el camino

Hombre Lobo: El Apocalipsis

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-No entiendo muy bien todo eso que dices sobre los patrones mentales y otras dimensiones. –dijo Matthew, cortando el monólogo de Thomas- Sólo quiero saber si puedes encontrar a una persona.
-Ya te he dicho que sí. Es una cuestión muy sencilla de resolver. –Contestó Thomas, irritado por las continuas interrupciones- Pero tienes que entender que lo que pides no es moco de pavo, chaval.
-Mira, no tengo mucho tiempo. –Comentó Matthew, impacientándose. Cada segundo que pasaba era como si Judy se alejase miles de kilómetros de él, a saber en qué dirección, en qué espacio, en qué tiempo.
Thomas, el mago ciborg, miró incrédulo al joven Garou.
-Asaltas mi casa, consigues que otros también la asalten, y en el proceso destrozas varios de mis cuerpos, por no mencionar el mobiliario. ¿Y ahora te impacientas?
-La chica ya te dio lo que pediste. Perdiste la apuesta. –contestó tajante. Hablar con aquél mago era más exasperante que hablar con Noche, y nunca había hecho nada más exasperante en su vida que hablar con Noche- No dijiste que tendría que estudiar ciencias para que me dieras una respuesta.
Los años no le habían dado más paciencia a Matthew Sendero Desconocido. Más bien al contrario, se la habían quitado. Habían ocurrido cosas que prefería no recordar, o al menos no nombrar, porque olvidarlas sería un acto incluso más cruel de lo que fueron aquellos momentos, y cuando pensaba que empezaría a tener suerte, que su viaje se había encauzado y que por fin podría aprender lo que necesitaba para no cometer los mismos errores, se encontró con un hombre que no era para nada lo que esperaba…