La única fémina de la mesa

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Lo típico de que conoces a un master que te recluta para una partida a base de labia, dejándote fascinada con la historia (o no, ojo, a lo mejor ese finde no tenías otra cosa que hacer) y llega el día, vas al lugar acordado muy ilusionada por iniciar una nueva aventura y conocer a los que serán tus compañeros en esta experiencia. Y resulta que eres la única mujer del grupo.

Hasta aquí bien. No es raro que en según qué círculos frikis haya más hombres que mujeres, aunque es unas situación que se va equilibrando poco a poco. Para muestra solo hace falta echar la vista atrás… Y no hace falta irse a las décadas de los ochenta y noventa (aunque obviamente el cambio en la fauna friki de entonces a ahora es radical hasta rozar lo absurdo), sino a solo un lustro atrás.

Como decía cada vez hay más o son más visibles las mujeres (y las razones de este cambio darían para un debate muy interesante que tal vez tratemos en el futuro) que compartimos esta afición que todos adoramos. Pero volvamos a esta hipotética partida en la que eres la única mujer del grupo. En principio no hay nada de malo, es estadísticamente aceptable y por tanto lo tomas con naturalidad. El problema viene cuando tu género se convierte en una excusa para atacarte, discriminarte (ya sea negativa o positivamente) o menospreciarte.

Os voy a poner varios casos de muestra, pero antes quiero que me conozcáis un poquito mejor. Yo empecé a jugar a rol con quince años porque la hermana de una amiga buscaba gente para una partida de Vampiro (que al final no se organizó, pero me puso en contacto con el mundo rolero). Desde entonces han pasado diez años y tengo cientos de anécdotas que contar, no todas ellas malas, afortunadamente. Quiero dejarlo claro para que sepáis que aunque los ejemplos que doy son de sexismo, la comunidad rolera no está compuesta de misóginos y babosos; puedes encontrar este tipo de desecho social en cualquier comunidad y a día de hoy puedo decir que algunas de las personas más decentes y tolerantes que conozco han llegado a mi vida gracias al rol.

Pero como en todo hay variedad y una de mis primeras partidas fue con un grupo de jugadores veteranos, en el que no fui la única jugadora pero si la única soltera. La otra fémina del grupo era la novia del máster y esa pareja resultó ser los únicos seres humanos que me trataron como una más.

Me incorporé a la partida dos o tres sesiones tarde pero con un personaje ya preparado y aprobado por el narrador. Era un pj masculino llamado Leslie si no recuerdo mal. Desde la primera partida el resto de jugadores empezaron a ligar conmigo fuera y dentro del juego. Al pobre Leslie le llovían las proposiciones indecentes (y bastante incómodas de interpretar para ser sinceros) y a mi las atenciones de parte de un grupo en el que el más joven acababa de cumplir veintiséis o veintisiete años. Yo tenía quince.

Pero lo peor no es esto. Lo peor no es convertirse automáticamente en un objetivo a conquistar por el mero hecho de ser mujer. No, lo que resulta indignante es la manera en que me trataban cuando participaba. La condescendencia con la que escuchaban (o más bien ignoraban) mis ideas y cómo interrumpían mi turno, no me dejaban hablar o hablaban entre sí cuando yo interpretaba. Eso era lo que más me dolía.

Muchos años después (y tras años con un grupo de rol que, aunque lejos de ser perfecto, no hacía distinciones en cuanto a género) una buena amiga me invitó a unirme a una partida para dejar de ser la única chica de la mesa. Y la primera sesión a la que acudí fue bastante chocante para mí; mi amiga, que tanto adoraba el rol y la fantasía épica, se convirtió en una sombra taciturna y poco participativa de sí misma durante las horas que duró la partida, hablando solo cuando el master le preguntaba directamente. Y nunca adivinaríais porque.

El resto de jugadores era increíblemente agresivo con ella. Según me contó y luego fui testigo la ignoraban y cuestionaban sus acciones a cada momento, provocando incluso discusiones acaloradas por cualquier detalle que les pareciera mal. Hasta que, en algún punto de la campaña, mi amiga se rindió y consiguieron silenciarla y convertirla en un peón; su pj solo se colocaba y hacía lo que le ordenaban.

Y por supuesto cuando llegué a la mesa intentaron hacer lo mismo conmigo desde el momento en que me senté. Pero para entonces yo tenía veinte años, más experiencia y menos paciencia con este tipo de actitudes y luché cada sábado tarde durante meses para poder jugar simplemente como yo quería. Conseguí que todos los jugadores salvo uno me dejaran en paz y al final incluso ese irreductible bárbaro se callaba cuando mi pj actuaba.

Por contraposición fuera del juego todo eran atenciones con mi amiga y conmigo. Invitaciones a café, a cenar y a salir a bailar a mansalva, porque parecía que fuera del ámbito del rol ser mujer volvía a tener valor y nos convertía, por tanto, en objetivos deseables. Francamente repugnante.

Tengo algún que otro ejemplo más (como aquel del chaval que se hizo un personaje ninfómano y bisexual para “ligar” exclusivamente con los pj que fueran llevados por mujeres. O aquél del máster que trataba a sus jugadoras con tanta deferencia que nos explicaba todo lo que pasaba como si fuéramos niños de primaria), pero estas son las espinitas que más profundas tengo clavadas.

Afortunadamente mi visión del rol no ha cambiado y dudo que cambie por muchos machirulos que me ponga la vida por delante. El rol sigue siendo para mí un estímulo creativo y la que me parece la mejor manera de aprender a empatizar, a ponerte en los zapatos de personas (personajes) con distintas personalidades, antecedentes personales y formas de ver la vida.

Pero ante todo los juegos de rol son juegos y por tanto están hechos para divertirse. Si un jugador o el propio narrador te hace sentir incómoda, te discrimina o te hace imposible disfrutar la partida dentro y/o fuera de ella por el simple hecho de ser una mujer, tienes todo el derecho a quejarte, reprocharles su comportamiento y levantarte de la mesa para no volver. Ten por seguro que puedes encontrar compañeros que te respeten y te traten como mereces.

Fdo: Archer.

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2 comentarios en “La única fémina de la mesa

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