5. Matthew. Risas que matan

Hombre Lobo: El Apocalipsis

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La noche era cada vez más fría, sobretodo en esa zona de la ciudad. Almacenes y el puerto, todo junto al océano hacía que la temperatura bajase de forma despiadada. Matthew y Aeryn se encontraban solos en la noche, esperando que las noticias que llegasen del otro lado del teléfono calmasen unos ánimos que empezaban a encenderse.

Por un lado el punto rojo había desaparecido de la frente de Matthew, lo cual se notó en el gesto de alivio de su compañera, pero por el otro, toda comunicación por parte de Megan había cesado. Se podría decir que el ambiente terminó de caldearse, pues la tensión en la discoteca se fue diluyendo hasta dar paso a una serie de roces de tela, silencios y respiraciones profundas de una adolescente que se extendió durante largo rato. Matthew notaba como su Rabia iba en aumento. Debía controlarse, pero resultaba difícil encontrar motivos cuando una misión diplomática estaba a punto de fracasar por culpa de una cría.
Cuando terminaron de disfrutar el uno del otro llegó la respuesta -¿Hola?- Megan se notaba aún excitada por la actividad, respirando entrecortadamente. -Hola- la voz del Caminante era mucho más grave y abrupta, pues estaba en su forma Glabro -¿Ha pasado todo?- la vergüenza impregnaba su voz -Si, ha pasado todo.- en cambio, Matthew tenía que contener toda su Rabia y responder a cada pregunta de la forma más breve posible. Un desliz y su cólera se liberaría. La respuesta no tardó en llegar, se notaba que tenía cierto interés en terminar la llamada -Vale, no os preocupéis por mí, ya llegaré- era lo que ya esperaba, le había dicho que tuviera cuidado, que no se fiara de los Vampiros, pero ya no sabía si le había hecho caso o no -Te esperamos en el túmulo- Una frase dio fin a una llamada e inicio a la preocupación, la situación se estaba yendo al traste, la Cliath estaba metida en asuntos que la superaban y todo era culpa de él mismo. Le devolvió el teléfono a una Aeryn que no escondía su cara de curiosidad y volvieron al túmulo.
Al menos la noche le está yendo bien a alguien”.

En el túmulo el ambiente era tranquilo, la hoguera estaba encendida y todo parecía estar en orden. Aeryn fue a la cocina a por algo y la casa se llenó de algo de vida, Matthew esperaba que fuera una tila pues se imaginaba lo que vendría a continuación. Mientras tanto él subió a enjuagarse la cara un poco, necesitaba despejarse, tenía que relajarse un poco, pero no podía desprenderse de la presión que sentía. Era como si la habitación se hiciera pequeña, como si miles de ojos observaran cada uno de sus movimientos escrutándolos, como si diese el paso que diese lo llevara a cometer un error sin remedio. “¿Por qué no hay nadie que se encargue de todo esto? ¿¡Por qué no está aquí  Miranda!?” Matthew se miró al espejo y lo que vio no fue agradable, quién estaba al otro lado parecía querer gritar hasta quedarse afónico, pero él no podía hacer eso. Respiró hondo y apretó los puños, tenía que vestir de nuevo una máscara que cubriera su ansiedad si no quería que lo recordaran como a Alan “Seguro que Alan también tenía buenas intenciones, pero no se lo recuerda por eso…” y las palabras de Danza resonaron en su cabeza mientras bajaba al salón.

Megan estaba entrando por la puerta en ese momento “Parece que ha durado poco”. La canadiense se sorprendió al verlos allí -¿Por qué no os habéis acostado?- A lo que Aeryn respondió mientras dejaba el libro que estaba leyendo -Yo obviamente te estaba esperando- el nerviosismo rezumaba por cada poro de su piel. Matthew comenzó a dirigirse a la cocina mientras hacía su mayor esfuerzo en responder con una sonrisa en la cara -Tengo más cosas que hacer. ¿Cómo te ha ido?-, empezaba a coger lo necesario para preparar té cuando Megan alegremente respondió -Bien, está todo solucionado- “Lo dudo” -No quiere que nadie se acerque ni ver a nadie por los alrededores- la chica parecía nerviosa, sólo hacía falta presionar en los sitios indicados. ”Osea, lo único que me traes es su mensaje, como si fueras su perrito” -¿Y te ha dicho cuales son sus peticiones?- Y ahí estaba el nerviosismo de nuevo, esta vez unido a la vergüenza -No… La verdad es que he salido de allí bastante rápido- “Bingo” Aeryn estaba deseando conocer los detalles del encuentro con el Vampiro -¿Qué ha pasado, Megan? ¿Eh?- A lo que respondió con evasivas mientras se encendía un cigarro -Nada, nada…- “Perfecto, te tiene comiendo de su mano en dos noches…” Aeryn continuó -¿Cómo ha ido con Eric? Y no me refiero a la negociación- pero Megan seguía mostrando vergüenza -Nada que me guste- La chica tenía una marca en el cuello, Matthew no sabía identificarla con la escasa luz que proveía la iluminación a velas, pero estaba seguro de que no le había pasado desapercibida a Aeryn -¿Por qué? ¿Se ha pasado? ¿Le tengo que cortar las manos?- Megan se veía incómoda -Nada que me guste- A lo que acompañaron una serie de preguntas y desviaciones propias de un interrogatorio. La chicha no había aportado nada, pero Matthew no pensaba que mereciera eso, y decidió auxiliarla. Le dio una taza de té y le hizo una señal para que se sentase en el sofá. Ella le preguntó, ahora un poco más tranquila, cuál era el siguiente paso; a lo que Matthew le respondió -Él quería al vampiro que me atacó de vuelta. Yo lo que necesito saber es si conocía que era del Sabbath. Lo que tampoco sé es si cuando cambian de bando se tachan la marca- La Galliard recordó el símbolo que le encontraron grabado a fuego en el Vampiro -Podría ayudarte con eso- Matthew estaba pensando en muchas cosas -Tranquila, de eso puedo encargarme yo; ya he tenido algún contacto con los Vampiros y creo que sé dónde empezar a buscar. Aún así creo que debo consultarlo con algún superior.
Sobretodo cuando no tengo ni idea de qué hacer

Todos quedaron pensativos, pero concluyeron que no era buena idea preguntarle a Garra, y que Danza no era el mismo últimamente desde que Matthew no le trajo marihuana. El Caminante retomó la palabra -Lo que me gustaría saber es si tú tienes alguna idea. A fin de cuentas has estado allí y has visto cosas, oido cosas y sentido cosas- A lo que Megan reaccionó riéndose cuando escuchó la palabra sentir. Era la inconfundible risa tonta de una adolescente cuando le hablan de sexo -No lo sé… Solo sé que sabe negociar muy bien, pero creo que puedo meterlo en vereda- “Vale, necesito terminar esta conversación ya” -¿Tenemos alguna fecha límite?- “De nuevo la vergüenza”- No lo sé, como te he dicho he salido de allí cuanto antes- “Es decir, te he mandado con una simple misión, y no solo no la cumples, si no que te enrollas con quién no debes y no traes nada útil. Genial” -Vale, pues dadme tiempo. Si contacta contigo dile que aún no hay nada, con que no te saque información es suficiente. En cuanto a otros temas haz lo que quieras, pero ten cuidado.
Va a hacer lo que quiera igualmente, tiene diecisiete años

Matthew dejó a las chicas hablando de sus cosas mientras él se retiraba a su cuarto a meditar. Había muchas cosas que había aprendido con Noche Silenciosa, aunque no quisiera reconocerlo, pero el tema que estaban tratando en la actualidad se le escapaba por completo. Pasó varias horas reflexionando sobre el tema y no consiguió averiguar si al cambiar de secta vampírica el símbolo que encontró era tachado de alguna forma. Este tema estaba siendo bastante complejo y sin duda necesitaría ayuda de alguien con más conocimientos que él. Nada más podía hacer con respecto a ese tema, pero seguía teniendo trabajo por hacer. Agarró su mochila y sacó los cuadernos con apuntes y algún libro de consulta que tomó prestado de una tienda. En los cuadernos se podían ver todo tipo de símbolos extraños, parrafos y parrafos de su propio puño y letra que intentaban descifrar dónde estaba Judy. Pero una noche más pasó y la respuesta le siguió siendo esquiva.

En sus sueños Matthew se encontraba de nuevo en el parque donde conoció a Miranda, pero a su vez no era el mismo parque. Todo el lugar estaba distorsionado y en el banco había una persona irreconocible que se encontraba mirando hacia el cielo. Matthew se acercó y miró al mismo lugar, pero lo que vio le puso los pelos de punta. En lo alto se hallaba la Estrella Roja, Anthelios. Una vez más la señal del Apocalipsis aparecía en sus sueños. Matthew miró el rostro de la persona y pudo ver que era indistinguible pues no estaba definido en absoluto y su mera figura parpadeaba. Cuando la persona le miró directamente, él pudo notar que lo estaba viendo de verdad, y que él la estaba viendo de verdad. Algo se había colado en sus sueños, pero el Caminante no sabía qué era. La criatura abrió la boca de forma antinatural y emitió un grito sordo antes de desaparecer. El sueño comenzó a colapsar sobre sí mismo. Matthew se despertó sudando en su cama, se sentó en el borde y se echó las manos a la cabeza. Estaba muy cansado de las visiones, en menos de 72 horas ya había tenido una visión y un sueño vívido, tan vívido que sabía que esa criatura había entrado en sus sueños de verdad. Si quería descubrir el porqué tendría que ir al parque, pero las tareas se le acumulaban y parecía que era el único que tenía cosas que hacer en la manada.

La ducha le sentó genial, siempre lo ayudaba a relajarse y a despejar su mente, pero la persona al otro lado del espejo no era una persona feliz. Lo que veía era a alguien a punto de romperse como si fuese de cristal “Estoy completamente solo”. Lágrimas ahogadas en el silencio, cayeron por su rostro al recordar que había perdido a Judy, al amor de su vida. Desapareció de la realidad por salvarlo y por defender algo mucho mayor que ellos mismos, en cambio, hoy la vida en el túmulo seguía como si no hubiera pasado nada y su sacrificio sólo pesaba sobre los hombros de Matthew. Se sentía muy solo en el Camino, necesitaba el abrazo de la única persona que lo comprendió de verdad, que lo recogió en sus momentos más bajos y que supo ver lo que nadie más pudo; que Matthew Sendero Desconocido se sentía solo hasta en la multitud más ruidosa. Pero Silk ya no estaba allí para ayudarle, ahora debía vestir la máscara de nuevo, su única aliada en este asunto.

Cuando estaba desayunando en la cocina, apareció Danza. Matthew no tenía ganas de hablar con él desde la última vez que entablaron conversación. La droga no le sentó bien al Fianna y sus formas no le sentaron nada bien al jóven Caminante. Sin embargo, Matthew debía comerse su propio orgullo pues su deber estaba por encima de sí mismo y necesitaba el consejo de Danza. Ambos se saludaron y la conversación empezó. -Danza, me gustaría pedirte consejo cuando tengas tiempo- su superior estaba ya preparándose el desayuno y contestó -Lo tengo, lo tengo; pero antes me gustaría pedirte disculpas por la última vez. Me temo que mis formas fueron un poco… abruptas- Matthew agradeció la disculpa, aunque para él seguía siendo parcial pues no sólo las formas fueron erróneas para su gusto -Tranquilo, sigamos adelante. El tema que me preocupa  es la reciente negociación con los vampiros- Ambos se pusieron al día de los últimos sucesos y Matthew le pidió consejo al respecto -Llegados a este punto, no se qué hacer, la verdad. ¿Cómo verías pasarle esto a alguien con más Rango, que sepa llevar la diplomacia a buen puerto?- Danza pensó un momento y respondió -No estaría mal, es inteligente dar un paso atrás y aprender de aquellos que saben más. Podrías hablar con William- Pero a Matthew no le sonaba el nombre en absoluto -¿Quién es William?- Danza tomó un sorbo de su taza de té y respondió con tranquilidad -Es el Alfa del otro túmulo, sus chicos y él han tenido contacto recientemente con los vampiros. Sabrá qué hacer- La casa comenzó a llenarse de vida de nuevo y las chicas bajaron a por el desayuno, era la hora de consultarle sobre otra cosa -Cuando estuve en Ámsterdam obtuve buenas noticias. Un mago me informó de que Judy se encuentra aquí, en Bright Falls, pero me contó algo preocupante. Sinceramente he intentado evitar pensar en ello, pero al perecer su patrón mental no era humano- Danza meditó la información durante unos segundos y le preguntó a Matthew -¿Y qué es lo que piensas hacer?- “¿Intentas ganar tiempo?” -Tú eres mi primer paso, si Judy se encuentra aquí ¿podría estar en algún lugar de la Umbra?- Parecía que la conversación estaba llegando a algún sitio pues Danza le dijo -Puedo investigarlo, pero no te prometo resultados, la verdad- No era la primera vez que se encontraba con callejones sin salida, pero no dejaban de ser frustrantes para Matthew. En cambio, esta vez tenía una posibilidad, y eso era todo lo que hacía falta para encontrar a Judy. Esa era una tarea menos de la larga lista de cuestiones pendientes, pero aún había otra más, y de especial importancia -Por último, me temo que he tenido una visión de nuevo. No he tenido ninguna desde la última vez y esta es peor aún- Danza rio un poco y dijo -Eres un imán para los problemas- “No jodas” -Eso me temo, me reconforta saber que por lo menos tenemos el aviso. La visión consistía en lo siguiente, me encontraba en lo alto de un edificio y vi la ciudad con cuatro columnas grises enormes que salían de la ciudad en llamas. La gente se veía desde mi posición como si fueran hormigas, pero se movían de una forma demasiado exacta, casi mecánica. Fue entonces cuando el suelo se abrió y empezó a surgir una marea negra que lo inundaba todo. Me temo que se dirigía hacia la ciudad y a los bosques. Cuando miré al cielo pude ver a Anthelios, El Ojo del Wyrm- Las chicas llegaron y saludaron con voces aún dormidas, buscando a tientas el desayuno que las despertase. Danza dijo -Qué puedo decir, es bastante específica. Me temo que no eres el único que está teniendo este tipo de visiones últimamente, sin embargo, indagaré un poco a ver que encuentro- Con las chicas allí presentes era imposible no notar que la marca en el cuello de Megan era un chupetón. Matthew continuó con la conversación -¿Hay algo que pueda hacer yo para ayudar?- La contestación no tardó en llegar -Busca el lugar, busca el edificio- Pero Matthew sabía perfectamente cuál era el edificio -El edificio más alto de la ciudad es el de PENTEX, Danza, y me temo que no tengo Rango suficiente para acercarme allí- Aeryn pareció despertar de pronto e intervino en la conversación -¿Que tiene que ver PENTEX?- Matthew se giró para mirarla -Más bien ¿En qué no tiene que ver PENTEX?- Aeryn parecía confusa -Una de las empresas de mi madre trabaja para PENTEX- A Matthew le pareció curioso, y Danza dejó claro que no se iba a meter en los negocios de los familiares, pero Aeryn seguía confundida y no sabía qué pasaba. Matthew le preguntó -¿No te han explicado qué es PENTEX? ¿Qué significa para nosotros?- Pero ninguna de las chicas lo sabía, Danza decidió darles una breve introducción -El poder corrompe, y en estos años no hay nada con más poder que una multinacional- Lo que nadie vio venir fue la respuesta de Aeryn -No me extraña viniendo de mi madre- Esto provocó una pausa incómoda en la que nadie sabía cómo continuar, pero había que hacerlo, y fue Matthew quien habló -Que aparezca PENTEX en una conversación nunca es bueno. Están muy ligados al Wyrm y a los Danzantes de la Espiral Negra- Sin embargo, Aeryn tenía más problemas familiares de lo que parecía -No me va a costar mucho alejarme de mi madre, eso ya lo hizo ella cuando yo era pequeña- Y el humor que gastaba por las mañanas era parecido al de un Lupus. Pero todo eso no quitaba que hubiese una serie de problemas de fondo a los que hubiese que prestar atención.

Megan salió afuera en cuanto la conversación tornó acerca de los dramas familiares, parecía algo preocupada, pero… ¿Quienes de allí no lo estaban de alguna forma? Volvió al rato y dijo -Ronald no está por ninguna parte y en la hoguera hay un par de latas medio llenas- lo que pareció preocupar a los allí presentes de una forma que Matthew no alcanzaba a comprender, a fin de cuentas no llevaba ni tres días de vuelta. Danza rompió el silencio -Eso es raro, no suele faltar nunca al desayuno, y siendo Roehuesos no dejaría jamás una lata medio vacía… ¿Por qué no váis a buscarlo?- Las chicas y Matthew se miraban los unos a los otros cuando entró Garra en la casa y se dirigía hacia la cocina. Matthew se levantó rápidamente y dijo -Creo que es un buen momento para que os enseñe algunas cosas sobre rastrear- Cuando Megan y Aeryn se dieron cuenta del origen de su reciente prisa no dudaron en asentir y empezar a salir por la puerta. Garra saludó con la cabeza a Matthew, quien le devolvió el saludo antes de salir de la casa por la puerta de la cocina.

Fuera se encontraba alguien junto a la hoguera. Era Amy, la chica que le salvó la vida sacándole las balas. Los tres se acercaron y la saludaron, pero la chica se puso realmente nerviosa, parecía muy tímida, lo que no tardó en confirmar con un entrecortado -Ho…Hola – Al reconocer a Megan se dirigió a ella -¿Tú… Eres la chica que…? Gracias- Se estaba poniendo roja por momentos -Tranquila, no pasa nada. ¿Estás bien?- La chica asintió. Al acercarse Matthew, éste la saludó -Ey, tú eres quien me salvó la vida ¿Verdad?- Ella volvió a asentir -No he podido darte las gracias como se debe, así que muchas gracias, si no fuera por ti no estaría aquí hoy- “Un poco más de color” Matthew no se había podido fijar antes, pero la chica era preciosa, de cabellos rubios y ojos azules -No… No te preocupes… Lo habría hecho cualquiera…- Había algo en ella que le sonaba mucho, pero no terminaba de encontrar el qué. Quién sí lo encontró fue Megan, que estalló en un grito de fan -¡Tu padre es tu padre! ¡Soy muy fan de tu padre!- Amy se sorprendió un poco y Matthew intervino para relajar el ánimo -Megan, es una invitada y es de la familia…- La chica se disculpó y Amy le quitó importancia rápidamente. Matthew seguía pensando sobre lo mucho que le sonaba la Pariente, pero estaba seguro de que no la había visto jamás. La primera vez fue en su piso justo antes del ataque de los vampiros. El chico se sumió en sus pensamientos, pero hubo algo que lo trajo de vuelta a la realidad -He venido con Aaron- Dijo Amy, a lo que preguntó Aeryn -¿Quién es Aaron? No lo conocemos ¿No?- Amy le respondió -Creo que lo conocéis por Garra- Los Garou quedaron perplejos, todos sabían que era mejor no acercarse mucho a lo que oliese a Garra. Matthew necesitaba asegurarse de haber entendido bien la situación -Que Garra te ha traído aquí… Bueno… ¿Podemos hacer algo por ti?- Ella negó con la cabeza y preguntó -¿Estáis todos bien? ¿Os duele algo?- A lo que Aeryn respondió tras recordar que tenían que buscar a Ronald- Estamos bien. Por cierto, ¿no habrás visto por aquí a un tipo con una chaqueta vaquera verdad?- Amy parecía confundida, pero respondió de forma negativa. Tras esto, a Megan le pareció oportuno comenzar con la búsqueda, a lo que Matthew le respondió -Empezaré buscando por la zona, quizás pueda encontrar su rastro.
El hombre comenzó a transformarse en el lobo y sus sentidos volvieron a afinarse con la precisión de un cazador. Comenzó a rastrear la zona y encontró el aroma de Ronald, pero no podía quitarse de la cabeza la idea de que conocía a esa chica de algo. Aprovechó su forma lobuna para olisquearla un poco, sin embargo, lo que encontró no fue su identidad, si no el aroma más embriagador que había captado nunca. Amy se sorprendió un poco, pero al momento empezó a acariciarlo y el lobo se mostró realmente cómodo con su compañía. Mientras, Megan y Aeryn no sabían que hacer, era la primera vez que lo veían así. Ambas intentaron llamar su atención hasta que el lobo volvió a rastrear de nuevo y empezó a dirigirse al bosque.
Poco a poco el rastro se iba haciendo más fuerte y a su aroma se iban sumando otros. Matthew sentía la suave brisa cuando oyó que se acercaban las chicas a su encuentro, se giró y les dijo en la lengua del lobo -”Voy a enseñaros a rastrear. Pasad a la forma Lupus”- las jóvenes Garou obedecieron y pasaron a sus preciosas formas de lobo. Ambas sabían hacerlo y les habían enseñado los conocimientos básicos, pero Matthew sabía que aún no habían sentido al lobo como Garra hizo que él lo sintiera. Se preguntó si sería capaz de conseguir aquel efecto en esas chicas
-”Buscad el rastro de Ronald y seguidlo”- Al principio parecieron confusas, pero pronto el instinto tomó el control y comenzaron a seguir el rastro por el bosque. Iban separando el resto de aromas que inundaban el lugar y quedándose con el de Ronald, hasta que uno de esos aromas les hizo detenerse. Era la sangre del Garou que buscaban. Matthew, al verla, preguntó -”¿Qué más captáis?”- las lobas empezaron a olisquear el ambiente. Aeryn comenzó -”¿Madera… Cortada…?”- Y su hermana lo completó -”¡El aserradero! Se lo han llevado al aserradero”- Matthew estaba orgulloso, él no había hecho nada, pero esperaba haber aportado su granito de arena a la Nación Garou. El Caminante volvió a hablar -”Vamos a entrar en el aserradero”- El mensaje pareció no convencer a sus compañeras. Megan preguntó insegura -”¿No deberíamos volver a informar al túmulo?”- A lo que se sumó Aeryn -”Deberíamos pedir ayuda, Matthew”- Él sabía que el momento había llegado. Hasta ahora la batalla había ido a ellas, pero esta vez serían ellas la que llevarían la batalla al Wyrm -”Si Ronald está herido, somos la ayuda más cercana. Vamos a entrar y vamos a encontrarlo. Recordad que nosotros somos los depredadores, somos quienes acechamos en las sombras y ellos son la presa. ¿De acuerdo? Seguidme, mantened la formación y estad atentas a todo lo que os rodea”.

Los tres lobos llegaron a la linde del aserradero y observaron. Aunque apenas había terminado la mañana sólo había algunas personas pululando por la zona, y todo apestaba a Wyrm. La última vez que Matthew estuvo allí fue con Buck y Miranda, en esa misma linde, a punto de entrar para rescatar a la madre de Buck. Pero Matthew nunca llegó a entrar, esa noche un mensaje desde la Umbra llegó a los oídos de un lobo más joven, Judy necesitaba ayuda. Una parte de él deseaba que llegara un mensaje como aquel, uno que le dijera dónde se encontraba ella; pero el mensaje no llegó.

Era el momento de infiltrarse en las instalaciones. Corrieron al resguardo de las sombras hasta la valla del recinto, excavaron un hoyo con sus patas y entraron por el. Corrieron en silencio por las instalaciones, esquivando a los trabajadores y guardias de seguridad, ocultándose en las sombras y rastreando el aroma de Ronald. Al entrar en la nave de procesamiento, pudieron oír que las máquinas estaban funcionando, pero no había nadie. Aquel lugar estaba completamente solo y a sus oídos sólo llegaban los sonidos de la maquinaría y de alguien forcejeando; por el aroma se trataba de Ronald, no había dudas. Los lobos se movieron por la nave como si fueran susurros en el viento. Cuando encontraron al Roehuesos pudieron ver que estaba en su forma Crinos, atado por una prensa neumática y apunto de ser cortado en dos por la sierra gigante que giraba a toda velocidad.

Megan y Aeryn corrieron a toda velocidad en su auxilio. Al llegar Aeryn, miró en busca del panel de control de la máquina, pero estaba en una estructura superior, sería imposible llegar a tiempo. Ronald las reconoció y dijo -”Un poco de ayuda no vendría mal por aquí”- Megan intentó tranquilizarlo -”Tranquilo, ya estamos aquí, todo va a salir bien”-
Ambas sabían que sus cuerpos humanos no serían suficientes para liberarlo, necesitaban toda la fuerza que Gaia les pudiera proporcionar. Dejaron fluir la Rabia por sus venas y su cuerpo empezó a crecer y cambiar a una forma diseñada para la batalla que aterrorizaba al humano más valiente. Mientras, los ojos del lobo negro observaban con atención desde las sombras; si algo atacaba a sus compañeras, él sería el ataque sorpresa “Somos los depredadores que acechan en la sombra”. Las Garou forcejearon y forcejearon con la prensa. La tensión crecía por momentos a medida que la sierra estaba cada vez más cerca, como si de una mortal cuenta atrás se tratase. Ronald ya sentía las virutas de madera golpeándole la planta de sus monstruosos pies cuando sus salvadoras pudieron doblar el metal de la prensa y liberarlo. Ronald no tardó en incorporarse -”¿Vosotras dos solas?”- Pero se pisaron la una a la otra al responder -”¡No! ¡Matthew está aquí!”- El magullado Roehuesos preguntó rápidamente por su paradero, pero las Garou no supieron responder con exactitud.

Matthew esperaba que confiaran en él lo suficiente como para saber que les estaba cubriendo las espaldas. Ronald, Megan y Aeryn salieron de la nave aún en la forma de batalla y se dirigieron a otra de las construcciones, más pequeña que en la que estaban anteriormente
“¿Por qué no están saliendo del aserradero?”.
Matthew sabía que algo malo debía estar pasando si Ronald no las había sacado ya de allí. Ronald, aun en su poderosa forma Crinos, consiguió abrir una puerta que parecía muy pesada y resistente; cualquier cosa que no pudiera apartar con facilidad un Garou en su forma de batalla podía ser considerado pesado y resistente. Tras abrir paso, las tres figuras entraron y Matthew las perdió de vista por un momento; y se sintió como una eternidad. La alarma comenzó a sonar por todo el complejo, algo iba jodidamente mal y Matthew salió corriendo al interior del edificio.
Cuando entró pudo ver como las paredes estaban reforzadas con acero, aquel sitio estaba demasiado bien protegido para ser un simple aserradero y apestaba más a Wyrm a cada paso que daba. Al final del pasillo por el que iba comenzó a ver la habitación donde sus compañeros estaban luchando contra terribles Fomori. Aeryn parecía necesitar ayuda con el que le estaba atacando y Matthew no iba a hacer oídos sordos a la llamada del deber. El lobo corría a toda velocidad, entró en la habitación de un salto y se transformó en un enorme Crinos de pelaje negro que clavó sus fauces en el cuerpo deformado y mutado del Fomor. Tiro y desgarró la carne deforme mientras la criatura se revolvía de dolor. Un Garou sentía muchas cosas, pero pocas se comparaban con la sensación de poder liberar toda su Rabia. La forma Crinos era la forma de batalla por un motivo, cuando el Garou se transformaba se convertía en la representación de la destrucción; cada fibra de su cuerpo gritaba de Rabia y era en esa forma en la que se daba rienda suelta a toda su ira.

El combate era crudo y sucio, Ronald usó uno de los Dones de los Roehuesos y le escupió almizcle a un Fomor, dejándolo aturdido el tiempo suficiente para atravesarlo con sus garras. El Garou rugió y golpeó a su otro rival usando como arma al Fomor que tenía atravesado.
Aeryn se sorprendió de la súbita aparición de Matthew en el campo de batalla y no vió venir a uno de los monstruos que le golpeó y le hizo chocar contra la pared. La Garou se limpió la sangre de la boca y agarró una gran barra de metal con la que devolvió el golpe directamente en el desfigurado rostro de la criatura. Megan había saltado a la pasarela de metal y estaba  golpeando con sus garras al Fomor con el que se estaba enfrentando, y lo siguió golpeando hasta que lo destrozó por completo, hasta que no quedó nada de su corrupta existencia. Aeryn le gritó a Matthew un aviso justo antes de que un tentáculo lo agarra del cuello, tirando de él e intentando devorarle la cara. Matthew no podía hacer más que intentar separarse, no pudo hacer más que ser testigo durante el forcejeo de como uno de esos monstruos se abalanzaba sobre a Aeryn golpeándola hasta dejarla inconsciente. El Caminante miró a su rival -”Si esto es lo que quieres…”- Rugió y le golpeó con la cabeza, consiguiendo que el monstruo lo liberase para poder agarrar al que golpeaba a Aeryn y tirarlo contra el resto de sus compañeros en un acto de ira. No pudo hacer más que observar como el Crinos volvía a convertirse en la chica de quince años que era.
Matthew apretaba los puños con fuerza cuando el rugido de su hermano Jack llegaba por el pasillo -”¡Vienen más!”- Se giró y enfrentó a las criaturas.
Soy la última defensa
Los agentes del Wyrm cargaban contra Aeryn y Matthew los bloqueó golpeando a uno de ellos para que derribara a los demás. Al otro lado de la habitación, Ronald intenta golpear a uno de los Fomori, pero este se deformaba, esquivando el golpe y derribando al Garou en un inesperado contraataque. El monstruo aprovechó para golpear al Garou con todas sus fuerzas en el pecho, dejando a Ronald sin aire unos segundos. Ronald empezó a escupir sangre. La cosa se estaba poniendo fea, pero Megan apareció de un salto y golpeó a uno de los que estaban luchando contra Matthew, quién no se había alegrado tanto de ver llegar a una Furia Negra en mucho tiempo. El otro seguía intentando atacar a Aeryn, pero para Matthew ya era suficiente. Agarró a la criatura y la tiró al suelo con fuerza, hizo presión con el peso de su propio cuerpo y le arrancó la cabeza de un mordisco. El Fomor se desinflaba mientras expulsaba fluidos oscuros y pestilentes, todo lo que quedó fue una pulpa de piel arrugada, pelos y deformidades. Matthew escupió al suelo para quitarse el mal sabor de boca y se arrodilló ante Aeryn. La muerte y la destrucción campaban a sus espaldas mientras Ronald y Megan acababan con los Fomori restantes; pero ante él, estaba el cuerpo inconsciente de una hermana de batalla.

El Caminante cerró los ojos y dejó que la sanación fluyera a través de él, desde sus manos hasta el cuerpo de Aeryn. Poco a poco se cerraban algunas de sus heridas y recuperaba el color, hasta que sus ojos comenzaron a abrirse y su respiración comenzó a normalizarse.
La sensación era maravillosa, sentía el roce de un padre que la despertaba cariñosamente, pero cuando Aeryn abrió del todo los ojos, se dio cuenta que la realidad no era así, y que había sido un sueño.

Se oyeron disparos desde la puerta que protegía Jack, quién gritó -”¡Ya vienen!”- Matthew estaba ayudando a Aeryn a levantarse y Ronald gritó -”¡Hay que sacar a Pezuña de aquí!”- Pero en cuanto terminó de hablar, el viento trajo un sonido terrorífico. Notas que estremecieron el alma de Matthew y aceleraron su corazón. Risas traídas del mismísimo reino de la locura y la depravación, risas que jamás auguraban nada bueno. Y fue entonces cuando Matthew rugió con todas sus fuerzas -”¡Danzantes!”- El silencio reinó entre el grupo de Garou, pero de inmediato Aeryn volvió a su forma Crinos y Ronald la mandó sacar a Pezuña de su prisión, al otro lado una gran puerta blindada. Cuando abrió la puerta, Pezuña estaba atado en forma Crinos a un potro de tortura. Unas agujas de plata estaban a punto de perforar su cuerpo  cuando Aeryn comenzó a liberarlo.

Se oyó el sonido de un portazo. Todos sabían que los Danzantes se acercaban.
Matthew se estremeció al recordar el ataque al túmulo por parte de los Danzantes, pero apretó los puños con fuerza “Somos la última defensa” y le dijo a Megan -”Creo que es un buen momento para que me enseñes lo que sabes hacer”- La Galliard asintió y comenzó a golpear el suelo con los pies, creando un ritmo primitivo y potente, añadiendo contraste al golpear con el puño las paredes de acero, transmitiendo la fuerza y persistencia de los Garou en cada compás. A ese sonido hipnótico y primitivo se unió Ronald, quien añadió sus propios sonidos para terminar creando juntos una canción que llegase hasta el latido de sus propios corazones.
Matthew se puso en posición para enfrentar a los danzantes, mientras Jack volvía corriendo y se colocaba junto a su hermano “Lo ha hecho bien, ha sido muy astuto dándonos un tiempo precioso”.
El Caminante sentía la Rabia recorrer su cuerpo, los Danzantes no pudieron con ellos una vez, y no podrían esta. Con todos los recuerdos y el peso de las decisiones, Matthew rugió con todas sus fuerzas -”¡Somos la Manada que Sobrevivió! ¡Pezuña, hijo de Garra Rabiosa, nos necesita! ¡Jamás hemos fallado a nuestro deber y no vamos a empezar ahora! ¡Haced sentir a esos Danzantes la ira de Gaia!”- Rugió y rugió, pues quería que sus enemigos supieran que a quienes se estaban enfrentando no les tenían miedo.

Y los hombres armados con rifles llegaron. Se detuvieron ante los Garou formando una fila y apuntando. Tras ellos aparecieron dos Crinos enormes de color negro, sus morros estaban achatados y sus orejas eran puntiagudas; formando un rostro más parecido al de un murciélago que al de un lobo. Pero la risa no venía de ellos, la risa provenía de detrás. La risa atravesó la habitación, perforó el pecho de Matthew y congeló su corazón. Todo su mundo se paró por completo. Los latidos se hicieron eternos, los segundos minutos y los minutos horas.
Se dice que los Garou sienten más, cuando aman lo hacen con más fuerza, y cuando sufren lo sienten en lo más profundo de su ser. Nadie podía imaginar el dolor que sufrió Matthew cuando las filas de los Danzantes se abrieron. El Garou cayó de rodillas entre lágrimas, impotente, indefenso, pues ella apareció con una risa que sería capaz de robarle la alegría a cualquiera.
Daba igual lo que le hiciesen, él la reconocería. La reconocería en mil lugares, entre miles de personas, tras miles de historias. Tras miles de años, ella seguiría siendo única, y él la reconocería. No podría olvidar a Silk jamás.

Ronald pudo ver cómo la caída de Matthew afectó a la manada, pero Megan sacó fuerzas de flaquezas y gritó con todo sus pulmones -”¡Matthew! ¡Acuérdate de Judy!”- Tenía que animarlo, tenía que levantarlo; no podían permitirse que alguno de ellos cayera. Fue entonces cuando comenzó la lluvia de balas y el infierno. Los Danzantes saltaron a por Ronald, quién consiguió apartar a uno de ellos, pero el otro le rompió las costillas de un golpe. El Garou se revolvió y le clavó una de sus garras en el pecho al Danzante, pero Silk saltó a la espalda de Ronald y empezó a acuchillarle el cuello con sus garras. Jack, consciente de que su hermano era completamente incapaz de actuar contra los Danzantes, se lanzó a por quién acuchillaba a Ronald, a por la Danzante.

Quizás hubiera algún día en el que se contase esta historia, o quizás se perdiera en las corrientes del tiempo y los presentes se negaran a recordarla; pero si alguien preguntara cuándo fue el momento exacto en el que todo se fue a la mierda, sería ese. Lo que continuó fue el acto más irracional y primitivo que se había visto en mucho tiempo.
La Rabia primigenia cegó a Matthew Sendero Desconocido y este atacó a su propio hermano de manada. Golpeó y golpeó con todas sus fuerzas, pues Matthew había dejado de ser quien era y se había abandonado a la Bestia de su interior.

Solo había otra razón, aparte de Judy, por la que Matthew hubiese dado todo lo que tenía, y esa era salvar a su Cachorro.


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