4. Megan. Son sólo negocios ¿No…?

Hombre Lobo: El Apocalipsis

Red Wine_0

Y otra vez sola…asustada y sola.
Sí la noche ya había sido complicada, se acercaban más problemas. ¿Por qué el hombre misterioso le estaba preguntando si era una Garou? No entendía nada…mucho menos cómo se había metido en todo este lío.

Yo… – Le temblaba la voz. Tenía que sacar una excusa rápido, tenía que actuar con naturalidad. – Sólo soy nueva en la ciudad. Me mencionaron este sitio y quise venir.

¿Y entonces qué hacías hablando con el chico de la barra?

Es un conocido. – “Y un baboso”.

Me colocas en una posición bastante comprometida.

¿Por qué? Que yo sepa no he hecho nada malo. – Sólo intentar saber por qué unos Vampiros intentaron matar a alguno de los suyos.

Vamos a ver… ¿Cómo explicarlo? No pareces nada estúpida. -Su voz seguía siendo tranquila y firme, pero su mirada era ahora más inquisitiva- ¿Puedo tutearte? ¿Cuál es tu nombre? – Megan no dejaba de pensar cómo saldría de esta. Estaba tensa y bastante borracha. Sólo quería salir de allí corriendo.

Megan. – Parecía segura, no lo estaba. ¿Es que no podía parar de meterse en problemas?

De acuerdo, yo soy Eric. – Él tendió la mano de manera amistosa, sonriendo nuevamente. Tal vez podría salir de allí sin ningún rasguño. – Digamos que yo dirijo este club, y también, ciertos asuntos. Digamos que vienes a un lugar comprometido. Digamos que pones nerviosas a ciertas personas. Personas que están bajo mi cuidado. Y yo me tengo que creer que esto es una coincidencia, después de que un triste incidente con un individúo un poco perturbado acabase con la vida de un amigo tuyo a balazos en la acera y después os persiguiera hasta un piso.

¿Y tú crees que me mandarían a mí, que no llevo ni dos semanas siendo Garou? ¿A un Cachorrito?

No sé cómo funciona vuestra jerarquía, ni siquiera tengo interés en saberlo. -Le aclaró con un tono extrañamente amable- Lo único que me importa es que tú estás aquí ahora. Y además estabas hablando posiblemente con el chico más pardillo del local. Una chica como tú.

¿No puedo hablar con un pardillo? Me dijo que tenía un grupo, me interesan los grupos. – Intentó mentir, pero era complicado. Parecía saberlo todo. Se inclinó hacia ella para sonreírle más.

¿Crees que si me tragara mentiras tan simples dirigiría este local?

Vale, es verdad. No le estaba preguntando por eso, quería saber quien llevaba el local. Pero no era por lo de mi compañero.

Cielo, tu versión no se sostiene. ¿Por qué iba a venir el ratón a la tienda de las trampas? – Es verdad, la mentira no se sostenía para nada.

No lo sé, ya te lo dije, no venía por nada en concreto, y me interesé porque vi el trono.

¿Te gustó el trono?

Es curioso.

¿Por qué?

Un poco egocéntrico, tal vez.

¿Egocéntrico? ¿Yo?

No sé, tú sabrás. – Estaba harta de sus preguntas. Quería irse, y que pasase todo rápido.

Yo soy una persona muy discreta. Puedo moverme por el local sin que nadie me vea. En cambio, tú…

No…no soy muy discreta.

Por suerte, empezó a sonarle el teléfono.

Discúlpame un momento.

Se levantó y se ocultó tras un biombo en el fondo de la habitación. Por fin podía respirar tranquila. Tenía que avisar a los demás. Necesitaba tranquilizarlos si no aparecía, y que pudieran saber dónde estaba si algo malo pasaba. Enseguida buscó en el teléfono de Jack el número de Aeryn. Tenía que hacerlo rápido, no podía llamar. Con un simple SMS tendría que bastar. No pudo poner mucho más aparte de que estaba en el Fangtasy, que estaba bien y que no se preocupasen por ella. “Maldita limitación de caracteres”.

Él volvió, después de su charla por teléfono. Posó su mano sobre el hombro de Megan. Su presencia era imponente, pero ella no quería llegar a nada, no desde luego con tanto alcohol fluyendo por su sangre, y mucho menos después de sus anteriores experiencias con los hombres.

De acuerdo, vamos a intentar arreglar esto entre tú y yo.  Un trato personal. Como ninguno de los dos queremos, lo que se puede llamar, un incidente diplomático…

No, desde luego yo no quiero eso. – No, no lo quería. No era la mejor forma de empezar a ser una buena Garou.

Propongo que me digáis dónde está el cuerpo de Michael, ya que no ha aparecido y los restos de cenizas que había era irrisoria para alguien de su tamaño. Porque ya sé lo que ha sido de su ghoul. -su voz no tembló ni se alteró un ápice mientras hablaba del tiroteo- Pero, digamos que quiero saber qué ha pasado para motivar esta clase de conducta. Hasta lo que yo tengo entendido, él nunca tuvo un altercado con los que son como tú.

Sinceramente, no sé qué pasó con él, ni por qué se comportó de aquella manera con nosotros.

Meeeec, respuesta incorrecta, Megan. – No sabía por qué, él siempre parecía saber la verdad. Ya no sabía qué hacer para mantener la bola de mentiras que estaba creando ella sola.

Te lo vuelvo a decir. Soy un Cachorro. – Se pasó la mano por la cabeza, algo desesperada. – No sé qué ha pasado ni donde está su cuerpo. – Él se removió en su asiento, no le gustaban las mentiras, y ella necesitaba darle lo que quería. – Ahora, si quieres saberlo, seguro que hay alguno de los míos que quiere arreglar las cosas.

Osea, que me pides que suelte al ratón de la trampa para meterme en la madriguera.

No…- Realmente si quería eso. – Bueno si, si quiero que me sueltes. Y te prometo que arreglaré las cosas. – Se lo pensó por un momento, mirando al suelo con las manos entrelazadas, hasta que, por fin, volvió a mirarla.

Digamos que te creo, digamos que no sabes nada de las cosas que dices y que hay alguien más dispuesto que tú a tratar este asunto. Lo que me lleva a pensar por qué estás tú aquí en vez de estar él. Aún así, supongamos que estoy dispuesto a dejarte ir con una sencilla promesa. Que efectivamente mediarás entre esa persona y yo. Que podremos llevar esto hasta una resolución pacífica y todos saldremos ganando.

Yo te digo lo que sé. – Intentaba estar seria y serena, pero era difícil. – Sé que los míos no quieren meterse en una guerra con los vuestros. Porque no es algo que nos interese. Ni a nosotros, ni a vosotros. Con lo cual, si quieres que haga de mediadora, haré de mediadora.

Miles de años de guerras empañan un poco tus palabras. – Cómo si ella supiera que guerra había entre ellos, sabía de la existencia de los Vampiros desde hace, ¿Cuánto? ¿dos horas? – Pero aun así las tomaré por válidas. Entiendo que retenerte aquí no pone puntos a mi favor a la hora de una posible negociación. Entonces, no veo necesidad para hacerlo. Además, tengo asuntos más importantes que atender esta noche.

Entiendo. – Efectivamente, para él solo había sido ESE ratón que se había metido en la boca del lobo.

Pero aun así, los tratos siempre deberían ser formalizados de alguna forma. – Él se levantó y fue de nuevo hasta el minibar, a por una última cerveza. La sirvió en unos vasos recién sacados del frigorífico. Elegantemente, le tendió  el vaso a Megan, y con cuidado brindaron.

Ese sorbo fue lo último que su estómago podía aguantar. Poco a poco notó como se iba descomponiendo por dentro, y salió de golpe todo el alcohol que había ingerido a lo largo de la noche. Se acordó de sus primeras borracheras en Chicago, de la primera vez que cogió un amarillo y de lo mal que lo pasó al día siguiente trabajando en el bar. Por lo menos lo hacía en buena compañía…
Pero su mente volvió a bajar hacia la realidad. Acababa de vomitar en una lujosa alfombra de un bar un tanto especial.

Lo siento… – Se disculpó a Eric, que rápidamente habló por un pinganillo del que no se había fijado en toda la noche.

Necesitaré algo de ayuda por aquí. Traed un poco de agua y algo de jabón.

No pasaron ni dos minutos hasta que alguien llegó. Ella estaba desorientada. El tiempo pasaba rápido y las paredes se movían más de la cuenta. ¿Cómo iba a llegar a casa ahora? Levantó la vista como pudo para ver, no solo a una limpiadora, si no a dos imponentes guardas de seguridad.

Sacadla de aquí. Intacta. – Más amables de lo que podía esperar, le acompañaron hasta la salida del local, e inesperadamente, Eric iba con ellos. Al salir a la puerta, Eric cogió su móvil…bueno, el de Jack. Sacó la tarjeta SIM, la rompió y metió otra distinta antes de devolverle el teléfono. – Mantente localizable.

Parecía delicado con ella, como si no hubiera pasado nada unos momentos antes. Después de una última mirada, todos entraron dentro, menos Megan, a la que le quedaba una larga caminata hasta el túmulo.

Tenía frío, y caminaba sola por sitios que no solía conocer. Su vida, de nuevo, era una locura. A veces pensaba que prefería volver a tres meses atrás. Vivir con ese padre que no la quería nada, huir de sus problemas riendo con Sarah, o escuchando música con Ryan. Los echaba de menos, esa sensación de tener un único problema… Ahora tenía muchos, demasiado para su gusto. Le costaba ser positiva y seguir adelante con tantos problemas juntos. Pero ya no había vuelta atrás. Podía pensar en el pasado, pero ahora más bien debía pensar cómo contarles a todos en el túmulo que estaba borracha, y que, lo que ella pensaba que era un Vampiro, había intentado mantenerla secuestrada. Y…maldita sea, cómo estaba el Vampiro.

Todavía podía notar sus manos tocándola dulcemente, su sonrisa antes de mantener esa extraña conversación. Ojalá todo fuese más fácil y se hubiese quedado en un revolcón rápido.

No paró de andar hasta que se tropezó con algo y cayó al suelo de manera violenta. Intentó levantarse pero todo le daba vueltas. Estaba desorientada, y escuchaba algo más de ruido, que no venía de ella. Se había caído encima de alguien.
¿Pero a quién se le ocurre estar en mitad del bosque a estas horas de la noche?” Notó una leve patada, que le hizo incorporarse un poco.

¡Matthew! – Gritó al ver la cara del chico. – ¿Por qué coño me das una patada? ¿Y qué haces por aquí a estas horas?

Estás borracha. – Contestó, serio. No le había gustado nada que alguien se le tirase encima de pronto. Pero joder, ¿una patada?

Eso es cierto. Estoy borracha.  No te lo voy a negar.

Eso ya lo puedo ver, y oler. -Por su cara, más bien parecía que estaba oliendo basura o algo peor.

Peeeeeeero, he llegado a un trato con un Vampiro.

¿De qué estás hablando?

Que entré en un sitio, un poco raro. Y me cogió un Vampiro, muy guapo por cierto. – Hablaba sin sentido. – Y me llevó a su…como decirlo, despacho, más bien su cuarto. Y sabe que tenemos a Michael.

¿Michael?

Sí, sí. El que te pegó el tiro. ¡El del bocado en los cojones! Y quiere que lleguemos a un trato con él. Me ha dicho que sea la mediadora.

Vamos, no quiero escuchar más. Venga, levántate.

No seas borde, joder. – Las risas le salían solas. Estaba demasiado borracha como para manejar la situación. Encima Matthew parecía muy distinto. Le conocía desde hace poco, pero parecía una persona con la que se podía hablar, no eso. Estaba insoportable. Pero claro, aguantar a una niñata borracha no era lo más esperado de una noche tranquila.  

La guió hasta el túmulo, con poco cariño. Allí parecía que estaba todo tranquilo. Las luces de la cabaña estaban apagadas, excepto las de Aeryn y la cocina, donde Ronald estaba fumándose un cigarro.

Ronald. – Llamó el chico de manera en la que no se despertase nadie, pero llamara la atención del lupus. –  Tenemos aquí un caso de borrachera adolescente. La voy a llevar a la ducha, apesta. Prepárale algo de café, a ver si así la podemos despertar.

He visto alguna vez a Jack hacerlo y creo que sé. – Contestó desde la cocina.

Creo que no lo va a diferenciar. Hoy es tú día para aprender. ¿Jack está?

No, se fue a buscar a la muchacha. La que volvió fue la otra, la de los pelos raros, y él no.

Matthew metió a Megan en la ducha y abrió el agua, de nuevo, sin mucha delicadeza. Su única reacción fue pegar un grito al notar el agua helada recorrer su cuerpo, y sus zapatos con el agua, que no ayudaban en nada. La casa parecía una locura. Voces en el cuarto de baño, ruido de cazos en la cocina,…nada que no pudiera despertar a todos los que intentaban dormir tranquilamente.

Ya no notaba nada el alcohol, más bien frío, mucho frío. Empezó a tiritar como nunca lo había hecho.

¿Por qué no nos vamos a la habitación y nos ponemos ropa seca? – Alzó la vista y vio a Aeryn. Ni se había dado cuenta de que ella estaba allí.

Sí, por favor. – Le puso una toalla por encima y subieron para cambiarse rápidamente. Tenía que explicarle todo a Matthew ahora que estaba más consciente.

Al bajar, olieron algo raro que venía de la cocina. Llegaron cuando Matthew y Ronald estaban discutiendo en la cocina.

No lo entiendo, yo solo he hecho lo mismo que hace Jack. He puesto el agua allí, los polvitos aquí, he puesto la tapadera encima, y sale esto.

Combatirás al Wyrm allá donde críe y more. – Bromeó Matthew.

Eh. Tú lo has pedido, así que tú te lo bebes. – Después de decir esto, se fue.

Prepararon algo de té y se sentaron en la cocina. Ahora tocaba lo peor. Contestar todo un interrogatorio.

Venga, cuéntame. – Había empezado.

Le dije que yo no estaba allí por nada en concreto. Dudó, por supuesto. Me preguntó dónde estaba Michael y le dije que no sabía nada, alegando siempre que era un cachorrito. -Estaba demasiado cansada para pasar por esto ahora, pero no parecía que Matthew fuera a darse por satisfecho con “te lo cuento mañana”- Y bueno, al final llegamos al trato de que yo iba a hacer de mediadora para no hacer una disputa absurda sobre esto.

¿Mediadora en qué sentido? -Por la forma en que arrugó la cara, Megan podía decir que aquello  no le gustaba un pelo.

Pues supongo que querrá que le entreguemos a Michael y le contemos lo que ha pasado.

Eso ya lo sé, pero te he preguntado que mediadora en qué sentido.

Pues me ha dado una tarjeta SIM y me ha dicho que esté en contacto en todo momento.

Megan, no te pregunto por eso, esas son sus exigencias.

¿Por eso no te llegaban los mensajes? – Interrumpió Aeryn a Matthew, lo que le dio algo de tiempo para respirar. No sabía qué más quería saber el chico.

Por eso. La tarjeta de Jack ha muerto.

 Te vuelvo a repetir, te digo que él lo  que quiere es que cumplas sus exigencias, no que hagas de mediadora. -Matthew parecía frustrado por tener que explicar algo que a él le parecía obvio- ¿Cómo vas a conseguir mediar si sólo haces lo que te ha dicho? ¿Qué es lo que te ha propuesto? -demasiadas preguntas.

Pues básicamente que yo sea el canal de comunicación entre vosotros, para que podáis arreglar esto.

Entonces… ¿Cómo se llama ese hombre? -Por un instante, Matthew pareció tan cansado como ella.

Eric. -Recordó aquellos ojos azules y aquella sonrisa durante un breve instante. Se lo guardó para sí misma.

Entonces Eric, es un Vampiro… -Comenzó a decir Matthew.

Bueno, supongo que es un Vampiro, no me lo ha dicho en ningún momento. -Le cortó Megan.

Pues este tipo, que dices que sabe cosas, ¿qué cosas? -De nuevo el tono de frustración en su voz. Apenas conocía a este chico ¿Por qué estaba soportando este interrogatorio?

Me dijo que tiene muchas personas a su cargo, que es el que lleva el bar. -Explicó, casi como excusándose por tener una información tan vaga.

Entonces un tipo que lleva el bar y conocía a Michael pero no sabe nada, exige que se lo entreguemos. -Dijo Matthew en voz alta, esperando que al decirlo todos entendieran lo ridículo que sonaba.

Al menos hablarlo. Negociar.

¿Y qué hace un humano negociando este tipo de cosas, sabiendo que eres un Garou, y queriendo a un Vampiro? -Matthew apretó un poco más las tuercas de la conversación. Estaba empezando a molestarla, como si ella fuera la mala de la situación. ¡Sólo había hecho lo que le habían mandado hacer!

Por eso supongo que era un Vampiro.

Hombre, yo por eso pienso que es un Vampiro. Me extraña que sepa que eres una Garou, así sin más.

Megan no podía con su cuerpo. Necesitaba descansar de una vez. No podía darle más información con lo cansada que estaba. Se levantó para intentar limpiar la cafetera y todo el estropicio de Ronald, pero no pudo, así que lo dejó en remojo para que al día siguiente fuese más fácil de limpiar.

El día siguiente no fue mejor. Despertó con una gran resaca, le dolía el estómago y la cabeza. Era la última vez que se emborrachaba de esa forma tan penosa.
Aun así, hizo de tripas corazón y caminó hacia la ciudad. Eric le había dicho que quería que estuviese pendiente del móvil en todo momento, y la ciudad era donde había más cobertura.

Decidió desayunar en un bar. El café no era el mejor del mundo, y mucho menos el donut, pero al menos era algo que llevarse a la boca. Tal vez eso le mejoraría el cuerpo. Eso y una aspirina.

Todos en el bar la miraban de vez en cuando. La verdad es que no era muy normal ver a una chica de 17 años desayunar en un bar, y menos en horarios lectivos. Pero ya quedó lejos lo de ir a clase. Su sueño de ir a la universidad. Todo… Su vida había cambiado en tan poco tiempo que no se lo podía creer.

“Noticias de última hora. Tras el tiroteo de ayer, acabado en la muerte de un chico, los delicuentes intentaron robar en un piso del centro de Bright Falls. Provocaron una explosión, en la que no hubo víctimas. Lo único que la policía local ha encontrado es el ADN de una chica que figura como desaparecida en las bases de datos de la policía canadiense. A partir de este momento se iniciará una operación conjunta de la policía estatal con los cuerpos de seguridad canadienses para coordinar la búsqueda. Según los informes, la chica está involucrada en la banda que está causando estragos en la ciudad. Estén atentos a las últimas noticias en nuestra cadena…”

“Mierda…Mierda…Mierda…”

Si lo que estaba escuchando en la radio era verdad, estaba en serios problemas. Muy serios problemas. Ya no podía sentirse segura en ningún sitio. Pero ¿qué hacer? ¿Huir de nuevo? ¿Y si volvía a Chicago por un tiempo? ¿O tal vez no salir del túmulo?

Sabía que tenía que contárselo al resto de la manada, pero no sabía cómo se lo iban a tomar.

“Hola. Maté a mi padre y hui de mi país. Yeih.”

No…no se lo iban a tomar bien.

Sin pensárselo dos veces se puso la capucha y pagó rápido el café. Notaba cómo todo el mundo la mirada. Cientos de ojos encima de ella. Necesitaba llegar al túmulo. Ocultarse.

Mientras caminaba, el móvil en su bolsillo empezó a sonar. Sólo podía ser una persona.

“Quiero la información. Nos vemos a las 22:00. Mismo lugar. Ven sola.”

Las cosas no podían ir mejor.
En menos tiempo del esperado llegó. Corrió como nunca lo había hecho. Ya no se sentía segura en ninguna parte excepto allí. Respiró tranquila, pensando en cómo se lo diría a los demás.

Al llegar esperaba encontrarse con más gente por la cabaña. Fuera estaba Jack, bastante cabreado, cortando leña como nunca lo había visto. Mejor no preguntarle a él sobre qué hacer con Eric. Dentro no parecía haber nadie. Aún así subió a la habitación de Danza y llamó a la puerta. Como pensaba, no hubo respuesta.

Decidió prepararse un nuevo café y sentarse a fumar un cigarro.

Ahora mismo todo le daba vueltas. ¿Cómo iba a encontrarse con Eric si no debía de reconocerla nadie? El tinte ayudaba, algo de maquillaje también. En Canadá iba de niña rubia y buena, tal vez solo con eso podía pasar desapercibida. ¿Pero y si la reconocían? Joder…

Estaba sumida en sus pensamientos cuando una voz le bajó a la realidad.

Bueno, ¿qué tal el día? Cuando todos os habéis ido y me habéis dejado abandonada. – “Abandonada dice…sí supiera…”
Realmente esas palabras habían hecho que le ardiese la sangre por dentro. De vez en cuando odiaba la forma de hablar de Aeryn, pero sabía que no lo hacía por maldad, sólo que su forma de ser chocaba mucho con la suya.

 Estaba en la ciudad porque pensaba que aquí no iba a tener cobertura.

¿Y por qué querías tener cobertura? ¿Te ha llamado el rubio? – Gritó al hablar de él. “Que pesada con el rubio” Pensó Megan. Era lo que le hacía falta, que un “Vampiro” intentase algo con ella. Lo que menos quería era un nuevo tío en su vida.

Me ha mandado un mensaje, sí.

¿Y sabes si el rubio tiene un hermano? – “En serio, ¿solo piensa en eso esta chica? ¿Yo me quiero alejar y ella se quiere acercar? Ridículo.”

Creo que no sería conveniente ni que tú ni que yo nos acercásemos mucho a ellos. – Parecía una madre riñendo a una hija. Para qué mentir, Megan era mucho más madura de lo que aparentaba.

Por lo menos para alegrarnos las vistas…

No es buena idea, créeme. Por muy buenos que estén es mejor alejarse de ellos.

Aeryn hizo un ruido de desaprobación, pero más dura fue la mirada de Megan. Con todo el miedo que había pasado la noche anterior, no entendía como la otra tenía tantas ganas de conocer a un Vampiro. Vale, ella también había tenido 15 años y las hormonas revolucionadas. ¿Pero no podía fijarse en un famoso? En sus pensamientos se cruzaron sus días de Chicago…

“Vale…tampoco era bueno fijarse en un famoso…”

Es que aquí todo el mundo es muy serio, no mola. – Realmente la entendía. Ellas dos estaban en la edad de salir, divertirse, conocer gente, experimentar nuevas sensaciones, no de estar encerradas en mitad del bosque. Pero sus vidas eran así, y tendrían que luchar por encontrar su sitio en esta nueva sociedad.

Allí también son muy serios. No te creas que por ser Vampiros son unos fiesteros.

¿Y qué te ha dicho el rubio en ese mensaje? – Volvió a insistir. Megan sólo quería olvidarse de todo. Ir, darle la información y no volverlo a ver nunca más.

Que quiere la información para las diez. – Aeryn puso cara de pena. Se esperaría un: “Nena, desde anoche no puedo dejar de pensar en ti. Encuéntrate conmigo esta noche, por favor.” Y menos mal que no le había llegado eso…

¿No te ha dicho nada más? ¿Ven guapa? ¿Algo así?

Aeryn, no creo que vayan por ahí los tiros. Esto es un asunto serio. Tenemos “secuestrado” a uno de los suyos, y ayer poco más y soy yo su rehén. No piensa en mí como algo más que una pieza más de un tablero de ajedrez.

En ese momento entró Matthew en la cocina.

Hola Matthew. -dijo cordialmente, apartando de su cabeza todo lo que pasó durante la madrugada- ¿Queréis café?

Sí, gracias.

Preparó las tres tazas de café y se encontró con los dos y Jack en el salón. Lo primero que hizo fue darle el móvil con el mensaje al chico. No tenía ganas ni de hablar del tema.

Vale, siéntate y cuéntame. Ayer fue una noche larga. ¿Qué es lo que él quiere? – Comenzó. Por fin podría solucionarlo.

Él lo que quiere saber es dónde está Mike. -Contestó Megan.

Y también te dijo que mediases entre él y yo, o supongo que un superior, pero no veo ninguno por aquí ¿No? -Esta vez estaba siendo más civilizado que la noche anterior… Pensandolo friamente, tropezarse con él en mitad de la noche debió de alterarlo un poco.

He buscado y no he visto a nadie. Y a Garra la verdad es que no me apetece contárselo después de lo de la hoguera. -Explicó ella.

No seré yo quien hable con Garra. – Al mencionarlo, pudo ver como Jack se tocaba la mandíbula y se quedaba pensativo. ¿Le habría pasado algo con Garra? Más bien la pregunta sería ¿A quién no le ha pasado algo con Garra? Megan lo evitó desde el principio. Su sola presencia la intimidaba demasiado.

Como fuiste tú el que tuvo la idea de llegar a un trato con los Vampiros y entregar a Mike, tal vez tú deberías tomar la decisión. -A Megan le parecía lo más sensato. Desde el principio, Matthew había mostrado saber qué estaba haciendo… Al menos antes y después de los disparos.

También te dijo que quería que mediases, así que no te puede pedir información si no le decimos qué queremos a cambio. Entonces, lo que vas a decirle es lo siguiente. Le vas a decir que yo soy Matthew, el que se va a encargar de esta negociación, que le mando saludos, y que me gustaría encontrarme con él en un sitio neutral. Considerando que, como persona de éxito que está dirigiendo un local, comprenderá que entrar en una zona llena de Vampiros se vuelve un poco inestable, ¿sabes? Y que no sería adecuado para una conversación diplomática y en buenos términos como la que queremos tener. Entonces…podemos…

Tú quieres un sitio donde poder quedar. Podéis hacerlo en la antigua casa del alcalde. – Intervino por primera vez Jack, serio, como siempre- No pasa mucha gente por allí.

Puede ser una buena idea. Lo que sí me gustaría saber es que el cazador no estuviese allí. ¿Sabes algo de él? – Preguntó Matthew.
“¿Cazador? ¿Qué tiene que ver un cazador aquí?”

Pues hace tres años que no sé nada. -Contestó Jack, con la misma seriedad, casi apático.

¿Y alguien ha ido a la casa? – Ninguna de las dos tenían ni idea de lo que estaban hablando. Megan sólo sabía una cosa: el tema se estaba yendo, en muchos sentidos. Eric no iba a querer reunirse con Matthew, y menos fuera de sus dominios. Pero claro, ella era un cachorrito… – ¿Tenemos información reciente de algún tipo?

No que yo sepa.

Vale, pues mira, sería un sitio interesante. Verás, está a las afueras, si pasa algún conflicto nadie se enteraría. – Eso le sonaba mucho a Megan…una casa a las afueras donde nadie se entera de lo que pasa… Más recuerdos dolorosos. – Habría que ir antes para no encontrarnos con trampas o algo así. Así que buena idea Jack. Megan, dile que mañana nos vemos en la casa del alcalde a la 1.

De la noche supongo, porque es un Vampiro. – Dijo Aeryn, como si hiciera falta aclarar aquél dato.

Espera, has tenido una buena idea, ¿tú crees que es un Vampiro no? Vamos a salir de dudas. Dile que a la 13:00 le vemos en la casa del alcalde. Si lo es cambiará la hora y listo. Y tú vendrás, así que si no es él lo sabremos.

Vale, le diré que yo iré a la negociación. A ver si así accede.

Y una última cosa. Cuando llegues allí nos vas a mandar un mensaje. Y me mandarás un mensaje cada 10 minutos para saber si todo va bien. Si no mandas nada, será que la cosa se ha puesto fea. ¿Todo claro? –Preguntó Matthew.
Megan asintió, no muy convencida, pero tendría que hacerlo, tenía que conseguirlo.

Bueno ¿Y cómo vas a ir vestida? – Aeryn seguía con lo suyo, parecía darle igual que Megan fuera a ponerse en peligro.

Yo aquí sobro. – Dijo Jack antes de salir de la habitación.

¿Como siempre? No veo por qué ir de otra manera. Voy a negociar, acuérdate.

No puedes ir como siempre, tienes que ir…

Espera, tengo que deciros otra cosa importante. -La interrumpió Megan- Cuando estuve en la ciudad estaba escuchando la radio. Escuché lo del tiroteo y lo del piso de Amy, por lo visto han encontrado sangre que supuestamente es mía. Así que la policía de Canadá sabe que estoy aquí, y además piensan que soy una de los asaltantes.

¿Y es recomendable que vayas sola por la calle en una situación en la que te busca no sólo la policía de aquí si no la de otro país? – Aeryn tenía razón, no era lo mejor.

No creo que pase nada… -Intentaba convencerse a sí misma más que a los demás- Estoy bastante distinta a como estaba en Canadá. Además tengo un carnet falso. No debería haber muchos problemas.

Verás, de todas formas hay capuchas y maneras de ocultarse, si los humanos pueden nosotros también. -Intervino Matthew- A no ser que pases a Crinos, que entonces destacaras.

Yo tengo que ir a trabajar, te puedo llevar lo más cerca posible. – Se ofreció Jack, mientras volvía a entrar en la habitación- De todas formas no te acerques mucho al bar, allí está todo muy tenso después del tiroteo de ayer.

Tranquilo, intentaré evitar la ciudad lo máximo posible, tampoco es plan de tentar a la suerte.

¿Y si voy contigo y me quedó por los alrededores? –Sugirió Matthew. ¿Iba a hacer lo que fuese por intentar entrar en el Fangtasy?

Así la policía también te puede coger a ti, y es tontería que nos pillen a las dos.

Me puedo quedar por los límites del túmulo para por lo menos tener cobertura. -Dijo Aeryn.

Verás, movernos nos tendremos que mover. Jack se tiene que ir a trabajar y nosotros no te vamos a dejar sola esta vez. -Matthew parecía más osado, pero también más razonable que la noche anterior.

Perfecto, todo arreglado. Me voy a cambiar de ropa.

Megan se fue no muy convencida de las acciones, mientras Aeryn le perseguía hablándole de qué se debería poner, mientras ella sólo podía negar con la cabeza. Sólo quería que acabase la noche, solucionar el problema y volver sana y salva.

Todos salieron de camino a la ciudad, Jack algo más relajado después de una ducha. Aun así Matthew le preguntó cómo estaba.

Los dejó en un parque y después continuaron andando. Matthew y Aeryn dejaron a Megan. Sola, otra vez, ante el peligro. Sabía que estaban cerca, pero aun así no sabía si eso era una ayuda o no.

Entró en la sala y se dirigió a la barra. Allí estaba otra vez el chico del otro día, ese que no iba tan a menudo por allí. Con una vaga excusa de que estaba allí para ver si la veía de nuevo, comenzó a hablar. Ella esta vez no quería nada de él, estaba más bien nerviosa por saber cuánto tardaría Eric en llegar. Pasó de él y sacó el móvil para mandarle un mensaje a sus compañeros. Ya solo le quedaba esperar. Vio como uno de seguridad se acercó hacia ella.

Por aquí. – No medió más palabra en lo quedaba de trayecto hasta la misma sala donde había estado la noche anterior. De nuevo, todos los recuerdos le vinieron a la mente. Las cervezas, las risas, la conversación amena…hasta que llegaron las amenazas y el miedo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al saber que lo volvería a ver. El hombre más guapo que posiblemente había visto nunca, y al que más miedo tenía ahora mismo.

Al entrar lo vio, sentado, con unos pantalones arreglados y la camisa algo abierta. Si fuese otra situación, posiblemente se habría lanzado para coquetear con él hasta tenerlo en la cama, pero no era el momento. Más bien, nunca iba a ser ese momento.

Me alegro de volver a verte. – Sonrió un poco al verla, y eso casi la hizo perder el control. No podían poner a un tío así delante a una chica de 17 años. – ¿Quieres tomar asiento? – Asintió un poco, sin casi poder hablar. Ese hombre le intimidaba demasiado. –  ¿Vino? ¿Cerveza?

Nada, creo que después de lo ayer mejor no probar hoy el alcohol.

Venga vamos, ¿por una mala experiencia vas a dejar de hacerlo? – Cogió una copa y se la puso por delante. No quería ni probarlo. Todavía le dolía algo la cabeza del día anterior y esta vez tendría que estar al cien por cien en la conversación.

No, no quiero estropearte otra alfombra. -Dijo como excusa.

Insisto. No te preocupes, tengo más. -De nuevo, Eric volvió a sonreír de aquella forma tan estúpidamente atractiva.

A ver, la información tal cual no te la tengo. – Él chasqueó la lengua y la miró, algo enfadado, pero más bien parecía el tipo de enfado que podía tener uno con un niño pequeño, no un auténtico enfado.

Siento oír eso. – Megan bajó la vista, avergonzada, y vio en la mesa una bandeja tapada.

Pero tengo un mensaje de parte de Matthew, que es el que se va a encargar de mediar todo.

Ese no era nuestro trato, tú eras la mediadora. -Esta vez su tono sí que reveló  una ofensa más real.

Mejor dicho, yo voy a mediar entre vosotros, pero él es el que se va a encargar de todo. Y él quiere hablar contigo en persona. -Trató de explicar Megan

¿Sabes cuánta gente quiere hablar conmigo en persona? -Le preguntó él. La respuesta parecía ser que mucha.

Supongo que muchos. – Se quedó unos segundos en silencio, mirándola.

¿No tienes hambre? – Levantó la tapa de la bandeja, y para su sorpresa había un chuletón de ternera con guarnición. Esperaba más una cabeza de un lobo o algo por el estilo.

No tengo hambre, gracias. -Aquello la había dejado confundida.

Adelante, por favor. No me dejes así. Si desconfías, es solo un buen vino. – Cogió la copa, sin miedo de pasar su mano cerca de la de Megan, y bebió un trago sin problemas.

No es por eso, es sólo que ayer ya me riñeron por llegar como llegué, que lo veo lógico…

No pienso emborracharte esta vez. Ayer era como medida de seguridad, ahora estamos negociando, y las negociaciones si se hacen con comida de por medio, mejor que mejor. -Lo dijo como si fuera algo evidente. ¿Cómo hablaba toda esta gente con tanta seguridad?

Bueno, ¿por qué no? – Probó el vino. Era impresionante. El mejor vino que había probado nunca. – Eso, Matthew quiere hablar contigo. – Volvió al tema intentando terminar y poder irse, como estaba planeado.

Pero yo no quiero hablar con Matthew, quiero hablar contigo.

Matthew es un buen tipo, podría arreglar todo mejor que yo.

No sé quién es Matthew, sin embargo, ya he tratado con Megan Sidwell, y estoy dispuesto a seguir haciéndolo. – Mientras que en la cara de él había una coqueta sonrisa, la de Megan cambiaba poco a poco a una de pánico.

¿Cómo sabes mi apellido?

Me dedico a controlar información, es un bien valioso cuando quieres tener las cosas bajo control. Y no es muy difícil enlazar un tiroteo con una investigación policial en la que han dado resultados de ADN positivo para una tal Megan Sidwell.

Todas sus palabras tenían sentido, pero ¿hasta qué punto era verdad? ¿Qué más sabía de ella?

Si vas a querer hablar conmigo, por lo menos me vas a tener que decir qué eres tú. – Sí ya sabía tanto de ella, ¿por qué no saber algo sobre él?

 Un hombre de negocios.

Sabes perfectamente que no te estoy hablando de eso.

No me ves. Mira. Mi pecho se mueve, mi piel es rosada, estoy caliente, mira. – Le tendió la mano para que le tocase . Dudó un momento, pero subió su mano hasta tocársela. El corazón le latía a mil por hora. Tenía que relajar las hormonas. Era guapo… pero ya está. Volvió a la situación actual, a la que si fallaba podía morir.

Y si eres empresario, humano, normal y corriente, ¿por qué hay tantos Vampiros bajo tu poder?

Yo me considero bastante excepcional.

No me lo creo, lo siento. -Sonó sorprendentemente firme, tanto que se sorprendió a sí misma.

De acuerdo, quieres honestidad.

Claro, estaría bien, más si tú sabes tantas cosas sobre mí.

Todavía puedo saber más cosas. – No se cortó en mirarla de arriba a abajo.

¿De verdad?

Te he visto sólo una noche, no puedes conocer a una persona sólo con eso. – ¿Estaba coqueteando con ella? Porque eso sólo hacía que se pusiera más y más tensa. Le sonrió, enseñando todos los dientes, y pudo verle perfectamente los colmillos. Obviamente, lo había hecho queriendo.

Entonces sí eres un Vampiro.

Un término un poco folclórico. Yo prefiero el término empresario.

Empresario…Vale. – Sacó el móvil un poco y mandó el “ok” que ya tenía preparado.

Pero que sea empresario no quiere decir que no sea civilizado. – Abrió la otra bandeja y empezó a comer el otro filetón.

Vale, no quieres hablar con Matthew. Por lo menos querrá saber que eres “empresario”. Y ya lo que no sé es si me querrá dar la información que quieres.

No creo que esté pidiendo demasiado. Solo quiero saber dónde está Michael. Para hacerle una serie de preguntas. -Comentó mientras parecía disfrutar su filetón.

La verdad es que fue un poco raro lo que hizo.

Extremo. Radical. Sí. -Parecía condenar las acciones de Michael.

Sobre todo porque no le hicimos nada, todo lo contrario, intentamos tratarlos bien.

Entiende que exista cierta animosidad entre grupos. –Le dijo él.
“Claro, tengo que saber todo en un día…”

No te digo que no, pero verás, intentar matar a uno de mis compañeros…y a mí, claro.

Por los informes de la policía yo diría que os intentó matar a todos. – Ella asintió un poco y se llevó a la boca un poco de chuletón. Tenía demasiada buena pinta y casi no había comido nada en todo el día. – Lo cual revela que no era especialmente listo. Por favor, ¿matar a alguien como tú? Que desperdicio. – Se atragantó un poco. Eso ya era demasiado. No podía ni pensar en una frase inteligente. Estaban en medio de una “negociación”. ¿Cómo se le ocurría decir eso?

Lo que no sé es si Matthew querrá algo a cambio, aunque esa cosa solo sea paz, por lo menos en esta ciudad. – Volvió de nuevo al tema, que parecía estar siendo algo difícil de tratar.

No habló nada, sólo se limpió la boca con una servilleta, se levantó y se sentó a su lado en el sillón. Dejó su brazo en el sofá, de nuevo muy cerca de ella.

Digamos que si tratásemos el tema tú y yo, como acordamos ayer, el trato podría ser beneficioso. No sé, quizás podría conseguirte un par de actuaciones

No entiendo el porqué de eso.

Los favores se pagan con favores. Tengo entendido que estabas empezando a interesarte por la música antes de desaparecer en Canadá. En fin, aquel muchacho. ¿Cuál era el nombre? ¿John? ¿Jack? Ryan, eso era. Decían que pasaba mucho tiempo contigo y empezó a enseñarte a tocar la guitarra. – Sí… Había investigado más. Sin duda alguna, ese tipo era poderoso.

Veras, Eric, me encantaría ese trato. Pero sinceramente, ¿de qué me serviría que me consiguieras varios conciertos si a lo mejor empezamos una guerra que no sabemos cuándo puede acabar?  

Intentamos evitar esa guerra.

Pues intentar evitarla es intentar mediar con Matthew. – Cogió su vino y le dio un pequeño sorbo.

Yo intento ser razonable pero dijimos que trataríamos tú y yo, y has metido a otra persona en medio.

Pero yo no tengo la información.

Pero tienes que mediar, ¿sabes cuál es la función de un mediador?

Sí, claro que sé cual es. Pero él quiere verte. Lo único que puedo hacer es intentar hacerle saber de qué sólo te vas a encontrar conmigo. Pero quien tiene la última palabra es él.

¿Puedes contactar con él? – Asintió. – Adelante, te daré espacio. – Se levantó y se fue de la sala.

Megan se pasó primero las manos por la cara. Estaba claro que Eric no iba a aceptar eso, ya se lo dije el primer día. ¿Pero Matthew? ¿Aceptaría no quedar con él? Cogió el teléfono y marcó rápido.

¿Sí? Dime. – Era Aeryn.

¿Me puedes pasar con Matthew por favor?

Claro. Toma, es para ti. -La voz de Aeryn se alejó del altavoz.

Buenas Matthew. -Sus modales canadienses salieron a relucir en el momento más inoportuno- Estoy hablando con Eric y quiere que yo siga siendo la mediadora y quesiga hablando con él.

Verás, tú eres la mediadora, no la negociadora. -Explicó él. Con cada palabra parecía que su temperamento se encendía un poco- Estás allí para decirle dónde y cuándo nos vamos a reunir.

No se va a reunir contigo. -Trató de exponer ella con calma. Se notaba que Matthew era estadounidense. Era muy impaciente- Lo único que podemos hacer es que yo hable por ti.

Ya, pero verás, por mucho que confíe en ti, no sé cómo dejarle este tema a alguien que lleva aquí sólo dos semanas. No es por ti en sí. Yo no soy el mejor en esto, pero creo que de los tres que estamos cerca ahora mismo soy el que tiene más experiencia. Es un asunto muy delicado.

Lo sé.

Y me da pena que él no quiera aportar nada para arreglar esto.

Por lo menos me ha dejado llamarte.

Dejarte llamar en un país libre no quiere decir nada. -Y ahí estaba el orgullo estadounidense- Recuerda que eres una Garou, que lo puedes destrozar por la mitad si se despista, que puedes tirar el edificio si quieres de un solo golpe. No es tu dueño-¿Orgulllo de Hombre Lobo?- Era simple, un sitio, una hora. Listo. Así que ya sabes lo que tienes que hacer.

Sinceramente, ahora mismo no sé lo que tengo que hacer.

Sólo dile eso: sitio, hora. Punto. – Matthew no parecía entenderlo. O Megan no entendía a Matthew. Puede que ambas cosas a la vez.

Veré que puedo hacer… -Dijo Megan, casi en un suspiro.

Bien, estaremos a la espera.

Cogió aire de la manera fuerte. Tenía que relajarse. Pero la solución era simple, o convencía a Eric para quedar, o a Matthew de que iba a ser imposible que se reuniera con él. Se levantó hacia la puerta, pero antes de llegar, él ya la había abierto. Al pasar a su lado notó como la distancia era muy corta entre ellos. Él seguía con el juego, mientras que ella no quería caer bajo ninguna circunstancia.

¿Y bien? – Volvieron a sentarse. Cerca, muy cerca.

Me ha dicho una cosa y tiene toda la razón del mundo. Tú me pediste que fuera mediadora, no negociadora, así que no puedo negociar contigo. Él quiere verte mañana a la una.

Los Garou no sabéis nunca cuando sacar provecho de una situación. – Volvió a negar con la cabeza y sacó el teléfono móvil. – De acuerdo. Sí. Las cosas no han salido como planeaba. ¿Puedes dar la señal? De acuerdo. Esperare.

¿Qué has hecho? – La Rabia estaba a punto de hacerla explotar. No dijo nada, sólo le miraba. Volvió a coger el móvil y llamó al número de Aeryn. – Pásame a Matthew. – Ni siquiera contestó. Algo pasaba, no había duda.

 Dime, Megan. –Su voz estaba más grave. Sin duda, había cambiado de forma.

¿Prefieres hablar tú con él? -Preguntó ella.

No, pregúntale.

¿Qué está pasando Matthew? – Estaba preocupada. Si no solucionaba todo ya, seguramente alguien podría estar en peligro.

No sé, sólo tengo un punto rojo en mi frente. – Cerró los ojos. Lo sabía. Todo estaba mal. Necesitaba pensar rápido. – Están a punto de pegarle un tiro a un Garou, parece que este tipo no tiene ni puta idea de negociar. Así que sal de ahí, porque como disparen una sola bala, voy a demoler el edificio, y me da igual quien esté dentro.

Por favor, ¿puedes dejar de apuntar a mi compañero? – Casi rugió al decirle las palabras. Estaba a punto de destrozarlo en pedazos, pero sabía que no era la solución si quería salir de allí viva y que no hubiese repercusiones.

Tranquila, no es munición letal. -Aquello pretendía ser tranquilizador, o al menos a él le resultaba tranquilizador.

Me da igual que sea munición letal o no.

Retenéis a uno de los míos, intento llevar esto por la vía diplomática pero no pienso negociar con críos. O lo liberáis ya o no puedo mantener esta situación.

¿Sabes que desde el principio sólo queríamos dialogar? ¿Sin matar a nadie? ¿Y sin balas de por medio? Y por cierto, todo esto fue porque uno de los tuyos empezó. Aun así preferimos arreglarlo a montar una guerra. – Estaba todavía callado. No había dado la orden. Sólo quedaba una oportunidad para parar todo. Tomó otra bocanada de aire y siguió con el plan B. Si era lo que quería desde el principio, lo tendría. – Si tanto decias que eras un hombre de negocios – se acercó un poco más a él. – y me lo demostraste ayer, porque me trataste muy muy bien, la verdad. – Sonrió un poco al recordar el inicio de la noche anterior, sin toda la tensión que había en ese momento en esa misma sala. – Que ahora me estés diciendo que querías negociar, cuando le estás apuntando a mi compañero, a uno de los míos, de manera diplomática. Hombre, no me parece muy diplomático. Y creo que tú, que tienes bastantes más años que yo… – bromeó un poco para quitar algo de hierro al asunto, algo que pareció hacerle algo de gracia a él. – Sabrás que no lo es. Y más, cuando te vuelvo a repetir, esto lo empezó uno de los tuyos. Y joder, me caes bien, no quiero llegar a las manos contigo. – Una media sonrisa por parte de ella, una mirada intensa por parte de él. Cada vez los dos más cerca.

Creo que ahora empezamos a hablar el mismo dialecto. – Sacó el teléfono y tecleo rápido. Ella pudo escuchar desde su propio móvil a Aeryn decir que Matthew ya no tenía punto rojo alguno en la frente, que todo parecía estar solucionado. Pero ahora no podía pensar en eso, ahora solo podía pensar en la robusta mano de Eric que poco a poco llegaba a su cara. – Creo que tú y yo podríamos llegar a entendernos. ¿No opinas lo mismo?

Claro que opino lo mismo. – No, no opinaba lo mismo. O sí. No lo llegaba a entender. Estaba confusa, pero realmente excitada en ese momento. Había conseguido solucionarlo, pero… ¿A qué precio?
Antes de darse cuenta tenía los labios de Eric encima de los suyos. Y dejó de pensar en si estaría bien o estaría mal. Dejó  de pensar en el punto sobre la cabeza de Matthew. En si era mediadora o si era negociadora. Ahora solo podía pensar en los besos que ese Vampiro le estaba dando…

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