1. Matthew. El camino sabe cosas

Hombre Lobo: El Apocalipsis

Una furgoneta se detuvo junto a la intersección con las luces de emergencia encendidas. De ella se bajó un hombre cargado de preocupaciones, prisa y pesares; podías verlo en su rostro. La furgoneta continuó su camino por la carretera que cortaba un paisaje lleno de árboles como si de una herida se tratase.
El hombre agarró su gran mochila y echó a andar hacia la ciudad, una ciudad que había cambiado mucho desde la última vez que estuvo aquí. Dejó el cartel de Bienvenido a Bright Falls atrás y se adentró de lleno. “Vaya, ¿ha pasado tanto tiempo? Hay lugares que ni reconozco, y podría jurar que ahí no había un puesto de tacos” . Continuó caminando por las calles y se cruzó con uno de los albergues donde tiempo atrás estuvo buscando a Judy. Casi podía verse a sí mismo entrando, desesperado, con prisas y sólo agarrado a la esperanza de encontrarla.
Y aquí estaba ahora, había cruzado medio mundo sin descanso, llegaba desesperado y con la sola esperanza de que la pista que tenía fuera buena. “Dios, ¿tan poco he cambiado? ¿De qué me ha servido mi tiempo con Noche?”. Pero algo en su interior le decía que había cambiado. Ya no era aquel chico, ese chico había muerto hace tiempo como mueren las hojas al llegar al otoño. Y al igual que en la primavera, una nueva vida había surgido. “El camino nos cambia a todos supongo”. El camino sabe cosas, y el camino lo llevó por un recorrido lleno de memorias, tan vivas que parecían haber ocurrido el día antes, tan llenas de emociones que aún se le erizaba el pelo al pasar por la casa de su hermano Buck.

Fue muy doloroso ver como un hermano perdía a toda su familia, como perdía todo lo que le ataba con el mundo donde había crecido, y al cual había amado. Un triste recuerdo de que ese mundo ya no les pertenecía. “¿Habrá aprendido Jack la lección? Eso espero…”. No pudo evitar acordarse de su otro hermano.
La casa estaba en venta por parte de Titanbank, una empresa de PENTEX, poseía la casa así como gran parte de las propiedades de la ciudad. Sin embargo, el cartel y las pintas del lugar mostraban que no recibía mucho interés. El hombre supuso que un lugar donde ocurrió un asesinato, un secuestro y fue testigo de un atentado terrorista, no podía ser una gran opción de venta. Aquella escena lo hizo reflexionar sobre cómo el ser humano era capaz de prevalecer sin importar las dificultades.
La ciudad había curado sus heridas, la calle había sido reconstruida pero en ella permanecía la cicatriz. Una cicatriz que con el tiempo también desaparecería.
¿Lo llevaría el camino de nuevo a Bright Falls? Nadie podía saberlo, pero donde sí lo llevó fue a aquellos lugares donde estuvo con Buck.

El más destacado fue sin duda el parque, ese parque.
En aquel lugar le contó a su hermano acerca del sueño que tuvo, aquello que luego se volvió una visión llena de angustia y dolor. Pero no era aquello lo que más lo conectaba a ese lugar, sino un momento exacto en el espacio y el tiempo.
El espacio, aquel mismo banco donde ahora se sentaba para dejarse llevar por la añoranza. El tiempo, el momento exacto en el que conoció a su hermana. El hombre sonrió recordando. “Supongo que confundir a alguien con una prostituta no es la mejor de las presentaciones”.
Y no pudo evitar reír, mientras el parque escuchaba aquella risa cargada de historias. “Es curioso como el camino nos hizo conocernos y como nos unió tanto. Dos desconocidos nos convertimos en hermanos para siempre. Que ganas tengo de verte Miranda”. Se levantó con decisión y dejó de hacer esperar al tiempo, tenía que reunirse con sus hermanos. Hoy sería un día de gozo y alegría.

Y con ese pensamiento llegó.
Aquellos aromas eran inconfundibles. El bosque le estaba dando la bienvenida.
Sentía que uno de sus hijos había vuelto y se regocijaba.
Sólo los ojos de quien sabía qué mirar, de quien sabía prestar atención a las señales, podían revelar el antiguo y sutil lenguaje del bosque.
El hombre se paró. Había llegado a la frontera que separaba el bosque de los territorios del Boun. El viento soplaba con calma, pero al hombre se le había encogido el corazón. “No soy el mismo que se fue, no soy el mismo que dejó atrás estos bosques en una búsqueda imposible”.
Y recordó aquella noche.
El momento en el que su hermana Miranda se encontró con él para despedirse con un abrazo, tan cálido que sólo puede ser dado por quien te desea lo mejor en la vida. Sólo comparable al beso de una madre o al – Te quiero- de una amante.
Allí seguía él, inmóvil, incapaz de avanzar, pero el camino era sabio y el camino sabía cosas.
Cuando el hombre abrió los ojos dio el paso con decisión y aquello unió su destino al de los suyos una vez más.

Cruzó la linde que separaba el bosque con el claro del túmulo. No hizo falta más para que volviera esa sensación de que todo había cambiado pero sin haber cambiado nada. Atrás en el tiempo dejó una casa consumida por las llamas, pero se encontró que la habían vuelto a levantar, esta vez más grande, mejor. Lo que una vez fue consumido por el fuego ahora crecía de nuevo, fuerte y verde.
“Nuestra nación prevalece… Mientras quede uno de nosotros para escuchar el llanto de Gaia, nuestra nación prevalecerá”
Y sonrió, pues Gaia reía feliz allí. No, N no había ningún sitio como aquel lugar.

Una chica comenzó a acercarse indecisa. En su rostro se podía ver que no tenía ni idea de qué hacer con el hombre, cosa que fue de lo más divertida para él.
Sin hacerle mucho caso a la presencia de la joven, él se acercó a la hoguera del túmulo. En ella quedaban los restos que la noche había dejado. Comenzó a preparar la nueva hoguera, pues en esta época del año seguía haciendo frío y necesitaba descansar las piernas.
Finalmente la chica reunió valor y dijo – ¿Quién eres? – Terminó de preparar la madera, tiempo que de seguro se hizo eterno para ella – ¿Tanto ha pasado que ya nadie me reconoce? – él tampoco sabía quién era la chica, pero si sabía que era una buena señal. Nuevas caras en este lugar siempre era un motivo de regocijo, y sobre todo cuando esta chica tenía un olor tan familiar. Él volvió a hablar – Ven, siéntate, la hoguera está encendida, el día es maravilloso y un viajero vuelve a casa con presentes. Toma una cerveza y cuéntame cómo van las cosas por aquí – Se la tendió y la chica la tomó con seguridad. No era la primera cerveza que tomaba una y por sus pintas no era de por aquí – Puedo ver que… – el hombre se vio interrumpido – Aún no se tu nombre – “Ruda, tenaz… No, joven, inexperta…” – Mi nombre es Matthew Sendero Desconocido, ¿con quién tengo el gusto de hablar?- “Esta vez no pienso llamar prostituta a nadie” – Mi nombre es Megan- ella abrió la lata de cerveza y empezó a beber.

Matthew no podía dejar de ver en ella algo que le sonaba, pero no la había visto en la vida. Megan era una chica de 17 años, simpática, morena, media melena y con los ojos azules, pantalones rasgados y camiseta de algún grupo de música del que Matthew no había oído hablar jamás. Pero lo que le resultó más interesante al Caminante, quedaba más allá de la fachada,. Eesos ojos suyos escondían el lamento y las lágrimas. “Esta chica ya ha mirado a la muerte a los ojos… No puedo sentir pena, aún le quedan muchas lágrimas. Espero que su baile con la muerte sea lo más largo posible”. Matthew volvió de sus pensamientos y miró a la chica – Y bueno, Megan, ¿Qué es de mi hermano Jack?- ella, aún confusa por la identidad del hombre y su relación con la manada, contestó Matthew volvió de sus pensamientos y miró a Megan -¿El Guardián de la Tierra?- cuando se enteró, el visitante casi escupió el sorbo que estaba dándole a la cerveza – ¿Jack? ¿Jack Hijo de la Venganza es el Guardián de la Tierra?- Megan lo miró extrañada, pero una voz salió desde detrás de la piedra – Yo tampoco lo entiendo, con lo manazas que es- sonaron ladridos y gruñidos. La cabeza de un lobo marrón surgió de su escondite y se acercó a la hoguera. Cualquiera habría dicho que era un chucho sacado de la calle en un estado lamentable, pero Matthew sabía reconocer a un Roehuesos allá donde se encontraba – ¡Aeryn! ¡Ve a buscar a Jack!-, y una vez más, ladridos y gruñidos de una lengua que los allí presente entendían como si fuera suya. El lobo cambió de forma y se convirtió en un humano. La chica que andaba rodeando a la hoguera salió del bosque y obedeció la orden.

Matthew le pasó una cerveza al tipo, pantalones militares rotos, chaqueta vaquera sin mangas llena de marcas comerciales, unos treinta años y completamente desgastado por el tiempo. “Roehuesos sin duda” Los allí presentes continuaron la charla por poco tiempo, ya que una voz seria los interrumpió al grito de – ¡Ronald! ¿Dónde estás?- Esa voz era inconfundible, no podría tratarse de otro más que de su hermano Jack “¿Se está haciendo el duro?”.
Sendero Desconocido se levantó y le arrojó una lata de cerveza a la persona que aún estaba apareciendo por la roca. La reacción de su hermano era de esperar, agarró la lata y lo miró como el que mira a un desconocido por primera vez “No se hace el duro, ha cambiado ¿A mejor?” – Han debido de cambiar mucho las cosas para que Jack Hijo de la Venganza no reconozca a su propio hermano- Jack se mostró completamente sorprendido, no se podía creer que aquella persona que tenía delante fuera su hermano. Jack sabía que Matthew tenía veinte años como él, pero a ese hombre podría echarle los veintiséis – ¿Matthew?- el Caminante sonrió y abrió los brazos para fundirse en un abrazo con su hermano al que llevaba tanto tiempo sin ver. –Siéntate con nosotros Jack, les estaba contando a los chicos mi viaje. Por cierto, yo soy Matthew- le tendió una lata a la chica que había ido a buscar a Jack – Yo soy Aeryn-. Ambos se sentaron, la chica era bastante pálida “Es de día, ¿otra Ghoul Jack?”. Se notaba que hacía deporte, pero lo que más destacaba de ella era su pelo. Costaba no prestarle atención a la combinación tan peculiar de naranja, rosa y azul de su flequillo y melena “Si que le deben gustar los colores a la chica…”. Por otro lado estaba el hermano de Matthew, Jack.

Jack era muchas cosas, pero Matthew no sabía exactamente cuántas de ellas había desarrollado. La última vez que lo vio, Jack era una persona que no había aceptado realmente que su vida había acabado. Todos habían pasado por eso: sus mundos se desmoronaron y fueron sacados de sus círculos sociales para entrar en otro lleno de gente extraña  y con malos humos; pero lo superaban. En cambio Jack siempre se había agarrado a su vida, aun viendo como esta se deshacía entre sus manos. La pregunta que rondaba por la cabeza a Matthew era si su hermano seguía siendo el mismo o había cambiado, y eso era algo que descubriría por sus propios medios.
Por fuera Jack no dejaba de ser un chaval de veinte años que se había puesto en forma, se había dejado crecer la barba y el bigote, y que vestía a la moda con una chaqueta vaquera sin mangas plagada de grupos de música. Nada que no hubiera visto ya en el resto del país. Lo que su hermano fuese se revelaría con el tiempo.

-¿Cómo ha ido tu viaje? ¿encontraste lo que estabas buscando?- Empezó Jack tras tomar asiento. Cualquiera con ojos hábiles podría haberse dado cuenta que era un tema muy personal –Sí y no. He encontrado una pista sólida que me ha traído hasta aquí. Es por eso que tenía pensado reunir a mis hermanos para daros la buena noticia. Supongo que Buck sigue de viaje ¿verdad?- Jack tomó un sorbo de su lata mientras terminaba de escuchar a Matthew –Si, ¿no has visto sus correos electrónicos?- miró a su hermano Matthew conociendo ya la respuesta, la tenía dibujada en la cara –No he conseguido entenderme con estos inventos de los dos patas-. Ronald intervino rápidamente sin dejar pasar la oportunidad –Bah, incluso yo se usar un ordenador ¡y nací sin pulgares!- Matthew se lo tomó con calma, había tenido que aguantar a tipos más impertinentes. A uno, para ser exactos –Ya sabemos lo orgullosos que están los Lupus de su uso de los pulgares. Dime, ¿dónde está Miranda?- Ronald pasó por completo de la contestación, como si nunca hubiera existido. Jack por su lado se alegró de poder contarle que Miranda había sido nombrada Protectora del Túmulo de la Esperanza Inesperada. Lo cual sorprendió bastante a su hermano porque no sabía de la existencia de ese túmulo -¿Y cuantos sois?- preguntó Matthew esperanzado – Unos 16 en total, créeme, 16 Garous son más de lo que parece. Hay mucha gente yendo y viniendo constantemente- Matthew se relajó un poco y se quedó mirando al fuego, satisfecho de que volviera a haber vida por estas tierras “Hicimos algo bueno, nuestro sacrificio sirvió de algo”.

-¿Qué vienes, de viaje?- Se lanzó a preguntar Aeryn –Si, vengo de Amsterdam, he estado un tiempo con un tío mío. Tenéis que ir allí algún día, durante el día está llena de bicis por todas partes, pero por la noche… Es una ciudad mágica -Matthew avivó el fuego – Estuve un tiempo viajando por Estados Unidos, buscando antiguos campamentos indios, te sorprendería la cantidad de lugares ocultos que hay bajo tierra, a simple vista- Ronald rio –No se lo digas a los Wendigo, quizás a los Uktena, esos son más amigables- Matthew miró a Ronald –Te tomaré la palabra, desde luego no es algo que me gustaría experimentar nunca- apuró la cerveza –Nunca digas nunca – Sentenció Ronald.

Las chicas parecían perdidas –Y vosotras, ¿hace cuánto que pasasteis el Rito de Iniciación?- se miraron la una a la otra hasta que Megan respondió –Hace unos meses- Matthew asintió y continuó -¿Cuál es vuestra manada?- una vez más se miraron y esta vez fue Aeryn quien tomó la iniciativa –Estamos con Jack- “No tienen ni la más remota idea de lo que hacer o lo que decir” -¿Con mi hermano Jack?- “¿Vas a seguir en silencio Jack? ¿Por cuanto?” – ¿Tanto te sorprende?- Preguntó Aeryn –Desde luego que no, Jack está más que capacitado- Matthew le lanzó a su hermano una mirada de complicidad cargada con el peso que solo un hermano mayor pone sobre un hermano pequeño – ¿Os ha contado la vez que nos dejaron solos en el bosque tras el rito?- Al ver las caras de sorpresa y diversión continuó, Jack ya se tapaba la cara – Veréis, justo después de terminar el Rito de Iniciación, como vosotras, el antiguo alfa, Alan, nos dejó solos en un claro del bosque. Vale, ahora imaginaros la situación, no nos conocemos de casi nada y nadie dice nada. Yo por aquel entonces vivía en la calle y lo único que quería era alejarme de todo esto. Bueno pues me dejan allí con estos dos, un irlandés llamado Buck, que no era irlandés ni nada, y Jack. ¿Cuál fue la primera decisión de mi hermano como garou autónomo que era?, darse la vuelta y mirar un árbol- los allí sentados estallaron en risas mientras Jack se taba como podía y preguntaba entre carcajadas -¿No lo vas a olvidar nunca verdad?- Matthew recuperó el aire como pudo y le respondió –Jamás, ay Dios, quien lo cuenta bien es Buck. Pero es que esto mejora, porque coge una corteza del árbol ¡y se la guarda! ¡Por si le hace falta luego!- la risas llenaron de nuevo aquel lugar, como hacía 3 años se llenaron con las risas de la manada que sobrevivió. Aquella noche fue la última en la que estuvieron juntosla manada estuvo junta. Tras terminar con la historia, tardaron un rato en recomponerse y recuperar el aliento.

-Bueno chicos, creo que es momento de que vaya a ver a mi hermana- El silencio reinó en la hoguera, Matthew no comprendía nada y Ronald fue quién se atrevió a hablar –Se ha esfumado, no está- “¿CÓMO QUE NO ESTÁ?” Matthew miró a Jack fijamente a los ojos – ¿Dónde está mi hermana?- Jack sabía que este momento llegaría y que no le gustaría a Matthew –Se fue sin decir nada a nadie, la última persona que la vio fue Megan- “¿DÓNDE ESTÁ MI HERMANA?” Matthew seguía controlando la ira de su interior y le preguntó aparentemente tranquilo -¿Te dijo dónde iba? ¿Algo?- Megan sentía la presión que Matthew ponía en sus palabras, invisible, intangible, pero estaba ahí. Él la miraba como un depredador furioso escondido tras un rostro amable y sereno, sus instintos le decían que tuviera cuidado con sus palabras – No, lo siento- “PIERDO A MI HERMANA Y ME DEJAN UN CACHORRO INÚTIL” –No te preocupes, no tienes la culpa- “Calma, Miranda sabe cuidarse sola” Jack intentó reconfortar a su hermano – Miranda sabe cuidarse sola, no le va a pasar nada-. Matthew suspiró brevemente y respondió afirmativamente al tiempo que sacaba su mejor sonrisa -¿Danza está por aquí?- los miembros allí presentes le explicaron  que se encontraba en la casa. El Caminante comentó que iba a verlo, todos menos Ronald se dirigieron con él a la cabaña para dejar las latas de cerveza, y para saciar la curiosidad. A fin de cuentas, no llegaba alguien nuevo todos los días.

Las cosas habían mejorado en aquel lugar de forma considerable. Todo volvía a parecer la casa que recordaba, distinta, pero la esencia permanecía ahí. Una planta baja con el salón y la cocina, una escalera que sube a las diferentes habitaciones y un camino hacia el sótano. Demasiados recuerdos se encontraban encerrados allí abajo. Matthew no quería volver a pasar por aquel lugar jamás, o al menos mientras pudiera evitarlo.
Toda la decoración era muy natural, tapices, alfombras y el predominio indiscutible de la madera. Era imposible para cualquiera imaginar a aquel Túmulo encerrado en cemento. La calidez era un rasgo de aquel lugar.
Matthew subió las escaleras y se dejó guiar por las chicas. El cuarto de Danza de Fuego se encontraba en el mismo sitio que la última vez, llamaron a la puerta y entraron.
Allí estaba él, el mismo de siempre. Danza fue una de las primeras personas por las que Matthew sintió aprecio. Como Guardián del Rito era un experto en todo lo referente al lado espiritual de los Garou, sus ritos, sus tótems, etc. Si había alguien a quien consultar al respecto, ese era Danza -Hombre, parece que has sabido encontrar el camino de vuelta- saludó el sabio Garou al verlo entrar por la puerta -Me temo que es el camino el que ha sabido traerme hasta aquí. ¿Cómo estás, Danza?- Matthew le dio un abrazo sincero – Ya sabes cómo es esto, cuéntame, ¿cómo va tu búsqueda?- al Caminante le latió con fuerza el corazón – Traigo buenas noticias, la búsqueda no ha finalizado, pero tengo una pista sólida de que se encuentra aquí, en Bright Falls. Me gustaría consultarte en estos días al respecto y contártelo con tranquilidad-. Danza no presentó problemas ante la idea y Matthew se acordó de algo, agarró su mochila y sacó un regalo que traía para Danza – Sé que no soy un experto en té como tú, pero he intentado traer una pequeña representación del té de Ámsterdam- Danza se vio gratamente sorprendido y aceptó el regalo -Y esto otro- continuó Matthew – Es algo que no te he traído- le entregó una pequeña bolsa. Ese tipo de material que se consumía en algunos lugares de Ámsterdam donde si era legal hacerlo. Normalmente hubiera sido imposible traer algo así, pero como el viaje de Matthew fue de todo menos normal, el detalle quedó entre ellos dos y una curiosa Aeryn. Al parecer Jack y Megan habían bajado, Matthew no se había dado ni cuenta de su ausencia, supuso que estaba demasiado metido en el reencuentro como para percibir los detalles “Mal hecho Caminante, no pierdas la concentración”.
Dejaron a Danza para que continuara con sus cosas y bajaron a la cocina donde encontraron a su hermano Jack y a Megan hablando. La conversación paró cuando Matthew entró contándole a Aeryn las bondades de la cerveza que había traído, la metió en la nevera y preguntó si tenían algún plan. Jack comentó que tenía un encargo en la ciudad y qué podía llevarlos para tomar algo. Al parecer su hermano tenía que seguir a un vampiro, sin embargo, en lo que no cayeron hasta llegar a la ciudad fue que 4 personas sería una muy mala idea para seguir a alguien. Matthew propuso llevar a las chicas a un bar a tomar algo mientras esperaban a Jack, el cual le indicó que fueran al sitio donde él trabajaba, allí podrían dejar entrar a dos chavalas de 16 años y era de su confianza.

Al llegar al bar, la camarera, Betty, lo miró con muy mala cara hasta que le dijo que venía de parte de Jack. Echó una mirada a las chicas y de nuevo a Matthew – Vienen conmigo-. La mujer no muy convencida les indicó un apartado donde podrían tener un poco de privacidad. Betty parecía una superviviente a la que la vida le había dejado marcas para siempre, probablemente tendría unas historias apasionantes para el que se viera interesado en tales actividades “Quizás otro día”. Jack apareció por el bar y tuvo una pequeña discusión con Betty, Matthew supuso que no se tomó bien que Jack tuviera que faltar hoy. Su hermano se acercó a donde estaban y les comentó que la cuenta iba por su parte “Está creciendo, quiere ser autosuficiente”.

Llegaron las cervezas al poco tiempo, pero lo que menos tardó de todo fueron los problemas. Un motero bien curtido y con muy mala cara se acercó al reservado, tenía el paquete completo, chaqueta de cuero, parches cosidos y una pose chulesca -Estáis en mi sitio-; y también iba al grano. Megan parecía haberse movido por este tipo de ambientes antes porque no tardó en responder -No veo tu nombre por ningún lado- el tipo no pareció prestarle atención ninguna. Aeryn se empezó a poner nerviosa, y la situación tensa.
El motero volvió a repetirlo -Estáis en mi sitio-, Matthew se preguntó qué haría Noche en esta situación -Tengo una idea, el reservado tiene sitio de sobra y estoy seguro que un hombre como tú sabe apreciar el hacer amigos con una buena cerveza por delante. Dile a tu gente que se unan y esta ronda va por nuestra cuenta-. El tipo tardó un poco pero finalmente pareció ceder a que era una buena idea, ambos se dieron la mano y llamó a sus chicos –El bar es un terreno neutral- a lo que respondió el Caminante –Tenemos un acuerdo de paz entonces-. La capacidad sobrenatural de un Garou para persuadir es algo que siempre sorprendía a Matthew, pero era un Don muy útil “No ha sido perfecto, pero ha funcionado”.

Betty trajo la ronda de cervezas que Matthew había encargado para ellos y sus nuevos amigos. Los moteros eran una mezcla variopinta, pero había uno especialmente disgustado con la situación. Joe, que así es como se llamaba el líder, le preguntó a Matthew que hacía por allí con dos chicas tan jóvenes -Bueno, estaba enseñándoles algunas lecciones, no todo se aprende estando encerradas en casa y la escuela de la vida es la mejor de todas-, el motero torció un poco la expresión e insistió -Son demasiado jóvenes- Matthew se dio cuenta que estaba pinchándole, buscaba un motivo para iniciar una pelea, una mala expresión o un error eligiendo sus palabras y estarían luchando por sus vidas. O por sus no-vidas en el caso de ellos. La palidez de sus rostros, unido al frío tacto de su mano cuando la estrecharon junto a que no tocaban las cervezas, fue indicativo suficiente para Matthew. Esa mesa estaba llena de depredadores, vampiros y hombres lobo sentados frente a frente “Si fallo aquí, la vida de Megan y de Aeryn están en juego”. Matthew respondió a la pregunta de Joehn -¿Has visto a la generación que viene? Dios, créeme, una buena dosis de realidad les viene muy bien.
Megan y Aeryn permanecían en silencio. Sabían perfectamente que esa situación se había escapado de su control hacía minutos, motivo por el cual decidieron que su superior tomara las decisiones. Por otro lado era bien cierto que Aeryn había superado el límite de su tolerancia al alcohol, detalle que no se le escapó a un Matthew, que no tardó en retirarle la jarra de las manos. Uno de los moteros preguntó -¿De dónde venís? No os he visto nunca por aquí- Megan fue la primera en hablar –Siempre hay una primera vez- el tipo la miraba con deseo, se notaba. El tío malhumorado le espetó a Matthew –Un perro sarnoso como vosotros me atacó hace un mes- su enfado no hacía más que crecer – No sabrás algo por casualidad, ¿verdad?- “Y hasta aquí ha llegado, no ha podido aguantar más” –No puedo tenerla, verás, he vuelto de un viaje hoy mismo- el tipo estaba a punto de estallar –Yo no me siento con perros, ¡me mordió las pelotas!- la mesa estalló en gestos y sonidos de dolor. Se escuchó algún –Joder Micke- seguido de la respuesta de Matthew – ¿En las…? Joder tío, lo siento de veras. No sé quién coño fue, pero te aseguro que eso es horrible lo haga quien lo haga. Por dios, que asco. Cómo te he dicho, he vuelto hoy mismo de un viaje y ellas dos llegaron hace dos semanas. No tenemos nada que ver con eso- a Matthew le seguía doliendo como si le hubiera pasado a él. Uno de ellos preguntó -¿Y cómo has vuelto?- Matthew se alegró de ver que el tipo enfadado era un caso aislado –En todo tipo de vehículos, ha sido un infierno de viaje-. El vampiro que intentaba ligar con Megan le soltó, mientras la miraba a los ojos –Tú lo que necesitas es una buena montura, no sé si me entiendes-, se escucharon algunas risas y Matthew se dirigió a Joe –Llevo un tiempo dándole vueltas a algo, verás, me deshice de la lata que tenía- el Caminante sabía por experiencia que los moteros llamaban a los que iban en coche enlatados, no tardaron en llegar las caras de aprobación -Y ahora que os tengo aquí os pregunto. ¿Cuál es la mejor moto?- Se encendió la mecha, los moteros entraron al trapo en la conversación y poco tardaron en discutir entre ellos de motores, carburadores y cilindradas.

Micke se levantó de pronto, su furia se veía en la cara –No aguanto más, ¡no pienso sentarme aquí con esta escoria!- abandonó el local entre gritos e insultos. La situación en la mesa se volvió a enfriar, nadie sabía cómo reaccionar hasta que Joehn tomó la iniciativa –Te pido que le perdones, ese… Encuentro lo ha dejado tocado. En fin, creo que será mejor que nos marchemos ya, nos vemos otro día por aquí- Todos se levantaron y se estrecharon las manos. A Megan le entregó uno de ellos un papel, en él estaba escrito un “Llámame” y un número de teléfono. Pasó poco tiempo, todavía Aeryn no había terminado de procesar la excitación de que le hubieran dado un número a su hermana, cuando apareció Jack en escena. Su cara no mostraba felicidad, la mesa estaba llena de jarras, la mitad de ellas llenas, y de un par de platos con restos de hamburguesas. La cuenta podía llegar fácilmente a los treinta y pico dólares en cualquier lugar -¿Qué coño ha pasado? Todo esto lo pago yo ¿sabéis?- “Bien Jack, sácalo, ¿Por cuánto tiempo más vas a aguantar que siga pinchándote?” –Siéntate y toma una de las cervezas, a fin de cuentas ya están pagadas- Jack se sentó pero se podía notar que estaba notablemente molesto, Matthew continuó –Hemos tenido la visita de un grupo de vampiros, moteros y habituales del local, puede que los conozcas. Tras un poco de tensión hemos tenido una noche agradable, pero para llegar a eso me vi obligado a hacer un gesto amable, supongo que lo entiendes. Cómo decía, hemos tenido la compañía de estos tipos, y pasando de uno de ellos que estaba cabreado, aquí nuestra amiga Megan ha recibido una nota. ¿Te gustaría compartirla con la clase?- Matthew bebió de su jarra con una sonrisa en la cara, Aeryn se aceleró de los nervios, pero no dejaba de estar visiblemente borracha. Por su parte, Megan se ruborizó levemente y dijo –Me ha dado su número de teléfono- Jack no escondió su asombro, más preocupación que otra cosa y Matthew continuó tras apurar la jarra –Digamos que Megan está ganando contactos, seguro que podemos darle uso en otro momento. Creo que es hora de que nos marchemos- volvió a quitarle la jarra a Aeryn y se levantaron.

Al salir el sonido de la ciudad les dio la bienvenida. El bar era un bunker, el ruido del interior luchaba con ferocidad con el del exterior. Sólo cuando cruzaron las puerta pudieron notar la guerra, por un lado un bar lleno de gente ruidosa y borracha, por el otro, el sonido de sirenas, motos arrancando o gente caminando. “Me gustaría saber cómo va a explicar Jack que sus dos protegidas vuelven borrachas”
Fue entonces cuando Matthew desapareció.

Despertó y el viento le golpeó la cara. Cuando se levantó entre dolores se dio cuenta que se encontraba en lo alto de un edificio gigante, bajo él se hallaba la ciudad. Cuatro columnas grises se alzaban desde los incendios de la ciudad. Desde dónde estaba podía ver a la gente como si fueran hormigas, pero se movían como si fueran máquinas: Ríos y ríos de gente moviéndose con precisión milimétrica por toda la ciudad. La tierra gemía y se retorcía, ahogada en la Urdimbre de la Tejedora, gritando de dolor mientras su vientre se abría.
De las entrañas de la tierra surgió una marea negra que se dirigió a los bosques y a las ciudades, amenazando con anegarlos con su ponzoñosa esencia.
Gaia sufría.
En el cielo estaba el sol, y junto a él se podía ver una estrella roja. A Matthew le pareció como si un enorme ojo rojo le observase. Un ojo que reconocería en cualquier lugar. Era el ojo del Wyrm y representaba una de la señales del apocalipsis. Matthew se echó la mano al pecho, cayó de rodillas, llorando, ante lo que estaba viendo. Cuando se miró, pudo ver que tenía 6 agujeros de bala sangrando.

Matthew Sendero desconocido cayó inconsciente en la calle, mientras su atacante huía en  moto, dejando al grupo de garous en shock.

“El camino sabe cosas”.

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