4. Megan. Son sólo negocios ¿No…?

Hombre Lobo: El Apocalipsis

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Y otra vez sola…asustada y sola.
Sí la noche ya había sido complicada, se acercaban más problemas. ¿Por qué el hombre misterioso le estaba preguntando si era una Garou? No entendía nada…mucho menos cómo se había metido en todo este lío.

Yo… – Le temblaba la voz. Tenía que sacar una excusa rápido, tenía que actuar con naturalidad. – Sólo soy nueva en la ciudad. Me mencionaron este sitio y quise venir.

¿Y entonces qué hacías hablando con el chico de la barra?

Es un conocido. – “Y un baboso”.

Me colocas en una posición bastante comprometida.

¿Por qué? Que yo sepa no he hecho nada malo. – Sólo intentar saber por qué unos Vampiros intentaron matar a alguno de los suyos.

Vamos a ver… ¿Cómo explicarlo? No pareces nada estúpida. -Su voz seguía siendo tranquila y firme, pero su mirada era ahora más inquisitiva- ¿Puedo tutearte? ¿Cuál es tu nombre? – Megan no dejaba de pensar cómo saldría de esta. Estaba tensa y bastante borracha. Sólo quería salir de allí corriendo.

Megan. – Parecía segura, no lo estaba. ¿Es que no podía parar de meterse en problemas?

3. Amy Taylor. Su capacidad para causar daño.

Hombre Lobo: El Apocalipsis, Relatos

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La puerta se abrió y el detective Lanford entró con una taza humeante. La dejó en la mesa frente a Amy y rodeó el escritorio para sentarse frente a ella.
-De acuerdo, señorita… Taylor. –Le dijo, mirando el informe preliminar que tenía frente a él- Sólo queremos repasar los hechos una vez más para asegurarnos de que tenemos toda la información.
Amy asintió, cogió la taza de tila y sopló un poco antes de dar un sorbo. La policía le hacía sentir más nerviosa que el altercado de su piso, y eso teniendo en cuenta que acababa de quedarse sin él…
-En su declaración dice que cuatro personas entraron en su apartamento rompiendo la ventana junto a la escalera de incendios. –dijo mientras ojeaba los papeles. Robert Lanford parecía cansado, como si llevase más horas de las recomendables despierto- Fue a examinar el ruido de la ventana y los encontró intentando curar a alguien… Que tenía seis heridas de bala en el pecho.
Amy asintió.
-Dijeron que si no les ayudaba me matarían. –dijo con una voz lo suficientemente afectada como para resultar convincente. Una pena que el detective Lanford no fuese un cualquiera- Le saqué las balas al chico herido y… -de nuevo, de forma muy convincente, se le quebró la voz. Demasiado apropiado- No sabía qué más hacer… Me amenazaban a punta de navaja…

2. Megan. Una noche tranquila

Hombre Lobo: El Apocalipsis, Relatos

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Seis disparos que resonaron en la calle, el sonido de la goma rozando contra el asfalto. El olor a pólvora y goma quemada. Un cuerpo golpeando contra el suelo.

-¡Matthew! – Gritó Megan al ver como su compañero estaba tirado inconsciente en la puerta del bar.

Los tres Garou casi que no habían podido reaccionar. Solo pudieron escuchar el fuerte sonido de la moto alejarse a toda velocidad. Se acercaron al cuerpo prácticamente sin vida, recogiéndolo, apartándolo de las miradas curiosas, y huyeron hacia el coche lo más rápido posible.

La gente empezó a agolparse al escuchar los disparos, muchos alterados y otros llamando rápidamente a las autoridades de Bright Falls.

-¡Mierda! ¡Que se muere! – No hacía falta decirlo para que todos lo notasen.

1. Matthew. El camino sabe cosas

Hombre Lobo: El Apocalipsis

Una furgoneta se detuvo junto a la intersección con las luces de emergencia encendidas. De ella se bajó un hombre cargado de preocupaciones, prisa y pesares; podías verlo en su rostro. La furgoneta continuó su camino por la carretera que cortaba un paisaje lleno de árboles como si de una herida se tratase.
El hombre agarró su gran mochila y echó a andar hacia la ciudad, una ciudad que había cambiado mucho desde la última vez que estuvo aquí. Dejó el cartel de Bienvenido a Bright Falls atrás y se adentró de lleno. “Vaya, ¿ha pasado tanto tiempo? Hay lugares que ni reconozco, y podría jurar que ahí no había un puesto de tacos” . Continuó caminando por las calles y se cruzó con uno de los albergues donde tiempo atrás estuvo buscando a Judy. Casi podía verse a sí mismo entrando, desesperado, con prisas y sólo agarrado a la esperanza de encontrarla.
Y aquí estaba ahora, había cruzado medio mundo sin descanso, llegaba desesperado y con la sola esperanza de que la pista que tenía fuera buena. “Dios, ¿tan poco he cambiado? ¿De qué me ha servido mi tiempo con Noche?”. Pero algo en su interior le decía que había cambiado. Ya no era aquel chico, ese chico había muerto hace tiempo como mueren las hojas al llegar al otoño. Y al igual que en la primavera, una nueva vida había surgido. “El camino nos cambia a todos supongo”. El camino sabe cosas, y el camino lo llevó por un recorrido lleno de memorias, tan vivas que parecían haber ocurrido el día antes, tan llenas de emociones que aún se le erizaba el pelo al pasar por la casa de su hermano Buck.